Mientras Panamá sigue discutiendo cómo garantizar el agua que necesita el Canal, el mundo no se está quedando quieto. México está desarrollando el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, una plataforma que conecta puertos del Atlántico y el Pacífico mediante ferrocarril y carretera. Brasil, por su parte, está integrando cabotaje, carreteras, ferrocarriles e hidrovías para mover carga dentro de su territorio. No están esperando que una sola ruta resuelva todo.
No hablo de competir con el Canal; esto sería absurdo. Hablo de no poner todos los huevos en una sola canasta. Si el comercio mundial está buscando rutas más flexibles, cadenas de suministro más resistentes y alternativas logísticas, Panamá debería aprovechar la ventaja que ya tiene para construir nuevas capacidades alrededor de ella.
Tenemos el Canal, tenemos puertos, tenemos posición geográfica, tenemos conectividad. Lo que necesitamos es agregar valor, y aquí aparece el distrito de Aguadulce.
La Zona Económica Especial de Aguadulce ya contempla actividades de manufactura, agroindustria, logística y servicios, precisamente con la idea de llevar inversión y actividad económica hacia las provincias centrales. ¿Por qué no convertir esa ventaja en una apuesta logística nacional?
¿Se imaginan, en el área de Aguadulce, enormes centros de distribución, depósitos inteligentes, plantas de transformación y ensamblaje, camiones entrando y saliendo con mercancías destinadas a Centroamérica, empresas extranjeras instalándose allí y jóvenes de las provincias centrales trabajando en industrias que hoy ni siquiera existen? ¿Se imaginan que una mercancía llegue a Panamá por mar, encuentre en Aguadulce un lugar donde almacenarse, ensamblarse o agregarle valor y, desde allí, salga nuevamente hacia otros mercados? Eso ya no sería simplemente una zona franca. Sería otra pieza de la plataforma logística de Panamá. Y quizás sea hora de empezar a imaginarlo.
Eso no sería solamente una oportunidad para Aguadulce. Sería una forma de descentralizar la actividad económica, atraer inversión hacia el interior y hacer que una mayor parte del valor generado por nuestra posición geográfica se quede en Panamá. No se trata de construir otro Canal, sino de aprovechar mejor el que ya tenemos.
Panamá ha sido extraordinariamente bueno cobrando peaje, pero tenemos que seguir generando también por lo que ocurre alrededor de ese paso.
Porque, si algo nos está enseñando el mundo, es que depender de una sola ruta, por estratégica que sea, nunca es una buena política. El Canal nos puso en el mapa, pero Aguadulce puede ayudarnos a ampliar el mapa.
El autor es abogado.

