Sabemos que la palabra patria es un término muy complejo por su etimología, su significado, su cambio semántico y su valor pragmático; pero es uno de esos términos que manejamos cotidianamente y que, de una u otra forma, todos entendemos.
Acerquémonos a ella desde tres fuentes sustanciales de nuestra cultura: la patria de Miró, la de Blades y la de Héctor Collado, expresada en un magnífico cuento corto que todo panameño debería leer.
Para Miró la patria son los pedazos de la vida, lo que uno experimenta, la alegría y el sufrimiento, el amor que profesamos hacia alguien o hacia algo. La patria está toda llena de música que resuena en los verdaderos patriotas. En el hombre y la mujer honestos y trabajadores que la construyen desde su sencillez, sin influencias nocivas, sin juegos de poder, sin trueque de favores ni el juega vivo, con el que nos han querido caracterizar para generalizar la corrupción y la cultura del «quítate tú para yo coger un pedacito del pastel también».
En Rubén Blades, la patria son tantas cosas bellas, son recuerdos (como en Miró); incluso podríamos creer que hay una alusión intertextual al propio poema «Patria»: como aquel viejo árbol del que nos habla aquel poema… Es un sentimiento, la mirada de un viejo, y luego se apoya en metáforas inusuales para definirla plenamente: «sol de eterna primavera», «risa de hermanita nueva»… Y aunque el cantautor panameño no lo diga expresamente, la patria no incluye las cosas feas: las desigualdades atroces que carcomen la nación, las contrataciones con costos sospechosos, las adendas que siempre nos perjudican, la incapacidad de ejecución de aquellos en cuyas manos se ponen cientos y hasta miles de millones para combatir sosteniblemente la pobreza.
Y en Collado nos encontramos con la patria como renacimiento constante desde las más absolutas crisis; en medio del caos, la patria siempre será un valor de esperanza. Por un país mejor para todos, donde no se excluya a las mayorías, donde se desarrollen políticas socioeconómicas serias y equitativas para el campo y la ciudad.
Este cuentista y poeta nos enseña que a la patria también hay que cuidarla, no basta con proclamarla, con adornarnos de colores durante un mes; hay que vivirla plenamente todo el año. La empatía y solidaridad del pueblo panameño en el reciente terremoto de Azuero es una de esas maneras de vivir la experiencia patria.
Desde la perspectiva de estos tres artistas, podemos desarrollar toda una definición de este vocablo con implicaciones semánticas de toda índole. Palabra misteriosa que, solo con mencionarla, activa una emoción alegre y a la vez nostálgica en los corazones sanos, para quienes la patria no es un negociado, sino una entidad por la cual luchar.
El autor es docente y escritor.


