Todavía resiento un poco que en las redes sociales veo que a las mujeres las felicitan más cuando se comprometen, que cuando se gradúan de una maestría. Los familiares parecen ver como un logro cuando una mujer tiene un prospecto matrimonial o incluso la posibilidad de un nuevo bebé. Ojo, no estoy insinuando que dichas ocasiones no sean dignas de celebrar, pero ¿por qué las consideramos como logros ¿Acaso debe ser mi meta casarme y tener hijos?
Un logro infiere que se ha realizado un esfuerzo para alcanzar un objetivo. Debemos tener cuidado con el mensaje que estamos haciendo llegar a las niñas. Encontrar el amor de tu vida y tomar la decisión de pasar el resto de la vida juntos es una ocasión increíble y única en la vida, pero esperaría que si tengo una hija y se llega a casar sea simplemente por amor, y no para tachar del check list una meta más.
Nuestra sociedad tiende a creer que los hombres pueden hacer y tenerlo todo, la vida personal, una familia, hobbies y una carrera exitosa. Es algo que está implícito. En cambio, para nosotras las mujeres, es muy común pensar “Será que puedo hacerlo todo?”. Incluso, nos llegamos a sorprender cuando vemos a una mujer que de hecho, “lo hace todo”. Creemos que si una mujer es esposa, madre de familia, profesional exitosa, y que además tiene tiempo de ir al gimnasio, estamos viendo algo del otro mundo. Porque claro, las mujeres tienen que elegir en qué quieren tener éxito: la vida profesional o la vida personal.
Entendamos que estamos en el siglo XXI, que la mujer ya no “tiene que hacer”, sino que simplemente “puede hacer”. Puede hacer lo que le dé la gana. Porque en el siglo XI probamos que sí, nuestra cabeza está para algo más que peinados, y logramos que nos dejaran –porque tuvimos que pedir permiso– ir a estudiar. Porque en el siglo XX alzamos suficiente la voz y comenzamos a votar, y hace casi dos décadas tuvimos nuestra primera mujer presidenta y hoy en día somos más mujeres que hombres los que se gradúan de universidades en Panamá.
Recordemos que esto es una tendencia global, y que si no nos queremos quedar atrás hay que dejar de exigirle a las mujeres que cumplan con ciertas normas impuestas por la sociedad, que al fin y al cabo no aportan a nada más que al patriarcado, y empezar a incentivarlas a crear sus propias reglas, porque hoy en día, si quieren, pueden.
La autora es especialista en desarrollo internacional