Carlos Manuel Gasteazoro, ajeno a los apasionamientos, supera paradigmas y crea la historia científica de Panamá.
El privilegio de ser su alumno en la casa de Méndez Pereira me enseña a usar la hermenéutica y la heurística como herramientas metodológicas para analizar objetivamente los hechos históricos.
En una tarde inolvidable le formulo una pregunta y medita unos minutos, después con porte magistral responde “no sé”. Luego, con serenidad socrática agrega, “voy a investigar, en dos semanas le respondo”, y continuó la clase con la seguridad de los grandes maestros de la educación universal.
“No sé” es la mejor lección pedagógica que recibimos los estudiantes, es la humildad al reconocer la imposibilidad de conocerlo todo, el docente siempre debe investigar, estudiar, actualizarse.
Sócrates, en el ejercicio de la mayéutica, el arte del cuestionamiento, en un debate filosófico con la juventud ateniense, le contesta a Platón, el discípulo más distinguido: “Solo sé que nada sé”. El universo del conocimiento es cinético, la renovación es constante, el saber es dialéctico, la verdad ontológica es poliédrica, las aristas y perspectivas son múltiples.
Isolda De León, que ama el pensamiento lógico, me comenta “La filosofía es la crítica de la crítica” y el saber filosófico nace del asombro. El historiador Gasteazoro, como humanista, asume esa postura al cuestionarlo todo en busca de la verdad objetiva. La historia es didáctica, así lo desarrolla Cervantes en la magna obra El Quijote.
Carlos Manuel Gasteazoro, el auténtico innovador, el creativo permanente, en un ensayo histórico sobre la realidad panameña, introduce el término rabiblanco para calificar a la élite dominante, a la plutocracia nacional, los privilegiados de la clase de los abolengos fatuos que hacen de la hacienda pública el gran negociado.
Los rabiblancos son los innombrables de Samuel Becket, los que nos amenazan si los mencionamos con nombres y apellidos. Los intocables, pues son inmunes y gozan de impunidad ante la ley. Los cínicos reclaman el derecho a robar; el nepotismo y la corrupción son parte de su perfil.
El linaje de los rabiblancos es de tres siglos, hacen la historia a su imagen y semejanza, adoran al Dios del dinero, están en todos los partidos, incluso en la izquierda.
Gasteazoro es mordaz, los identifica sin caretas. Los rabiblancos son una sola familia, se mimetizan de acuerdo a las circunstancias, son los dueños de Panamá.
El Maese Pedro los representa en El Quijote, también tienen mucho de La Celestina y la Trotaconventos.
El autor es escritor