FáBULA

Las ranas pidiendo rey

Desde cinco siglos antes de Cristo se conocen las fábulas de un personaje legendario griego conocido como Esopo. Hay una que se llama Las ranas pidiendo rey. En el siglo XVII, el francés Jean de La Fontaine, y en el siglo XVIII, el español Félix María Samaniego, la introdujeron versificada entre sus respectivas colecciones de fábulas.

Se trata de las ranas de un estanque, que cansadas del desorden y la anarquía que sufrían, le pidieron a Zeus que les enviara un rey.

Zeus tiró al charco un trozo de madera diciéndoles que ese era su rey. Al principio las ranas se portaron bien por miedo a la nueva autoridad, pero cuando descubrieron que aquel pedazo de palo estaba allí de adorno y no había castigo para los delincuentes, volvieron a suplicar al padre de los dioses que cambiara aquel rey por otro más enérgico.

Zeus, indignado por tanta exigencia, envió a la alberca una enorme serpiente diciéndoles a las ranas que era el rey más activo que tenía a mano. La culebra se fue comiendo a los súbditos discrepantes hasta que no quedó ninguno.

Esta fábula de Esopo, además de demostrar que las ideas anarquistas son mucho más antiguas de lo que pudiera parecer, también nos recuerda las tendencias políticas del mundo actual: las ranas de nuestros charcos han vivido por muchos años alimentando tucos gordos y tranquilos, falsos adoradores de la diosa Democracia, pero en vez de exigirles a los supuestos demócratas que cumplan con las leyes, votaron por voraces ofidios llamados Donald Trump, Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Jair Bolsonaro… y ciertos europeos nostálgicos de Adolf Hitler o Benito Mussolini.

En la última estrofa del poema de Félix María Samaniego, Zeus les dice a las ranas:

Padeced, les responde, eternamente; que así castigo a aquel que no examina si su solicitud será su ruina”.

Cuando las pobres ranas estén en la panza del ofidio no habrá Chapulín Colorado que pueda liberarlas.

El autor es jubilado

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