Fui de esos niños que tuvo la suerte de vivir las navidades en Calle Belén. En esa época, al llegar diciembre, doña Berta de Medina y su hija Beby organizaban a todos los vecinos para que adornaran sus hogares. Cada noche, pasado el Día de las Madres, había una posada en una casa distinta de la calle. Todas las casas tenían afuera un arbolito con luces. Mi adorno favorito: un hombre de nieve hecho de tiras de foam blanco. Veíamos estrellas fugaces hechas con luces que colgaban de postes, desde el inicio de la calle hasta el final.
En ese momento, Calle Belén se volvía el centro de la ciudad, un lugar al que todos iban a disfrutar la Navidad, por ser la calle más iluminada y más adornada. Todo esto duraba hasta el Día de Reyes, cuando se organizaba una representación y se entregaban los regalos que traían los Reyes Magos a los niños que participaban.
Luego de esa época, ya estando en mi adolescencia, el epicentro navideño se mudó hacia otras zonas de la ciudad, como Villa Lucre, después a la Aquilino De La Guardia y, por último, a la calle 50, donde hace muchos años las luces navideñas dejaron de brillar.
Este año la Navidad volvió a resplandecer en la ciudad de Panamá. La alcaldía tomó el liderazgo y nos sorprendió a todos al iniciar diciembre iluminando el parque Andrés Bello, el parque de la Catedral, la cinta costera, la vía Argentina, la Federico Boyd y Betania, entre otros. Mis favoritos son: el parque Urracá y Mi Pueblito. Pero no solo se conformaron con iluminar la ciudad de una manera espectacular, sino que lo han acompañado con varias actividades en las noches.
Nos han regalado desde nevadas de espuma en los parques, conciertos en las estaciones del Metro (organizados por la administración del Metro), posadas y el desfile de Navidad dedicado a cuentos propios de esta época, que culminó con los fuegos artificiales más espectaculares que he visto. Incluso, hay noches en que han organizado más de un concierto a la vez y en distintos lugares. Todos a los que he asistido, junto a mi familia, los he encontrado magníficos y muy bien organizados.
Cada noche, los parques y calles son visitados por hileras de familias, que incluso hacen filas más largas que las de los jamones. Y es que la Navidad no se trata de regalar jamones ni pavipollos, sino de llenarnos el espíritu de alegría que nos haga reflejarla a los demás para contagiarlos.
Panamá se reencontró con la Navidad, gracias a la iluminación, las atracciones, las posadas y los conciertos que se han organizado. Además, llegó en un momento especial de mi vida, cuando mis hijos están chicos. Están saboreando una verdadera Navidad y yo disfruto poder compartirla con ellos.
Ya la Navidad en Calle Belén no es una historia que mis hijos tienen que imaginar cuando se las cuento, sino que la viven en cada esquina.