[CANADÁ]

El regreso de los Trudeau

Luego de 30 años de que Pierre Elliott Trudeau dejara el poder en Canadá, su hijo Justin Pierre Trudeau lo recupera y promete revivir los valores humanitarios y liberales que su padre inspiró.

El regreso de los Trudeau
El regreso de los Trudeau

Canadá no suele estar en las primeras planas de los diarios internacionales. Quizás porque rara vez hay escándalos que la sacudan. Hoy, sin embargo, el arrollador triunfo de Justin Trudeau, un joven de 43 años que derrotó al primer ministro Stephen Harper, quien lleva casi 10 años en el puesto y parecía invencible, es noticia de interés mundial.

Es novedad porque los canadienses se caracterizan por ser ciudadanos prudentes, moderados, civilizados, renuentes al cambio y a desafiar a la autoridad. Tanto es así que cuentan que durante una gran celebración por el triunfo de un equipo de béisbol canadiense sobre uno estadounidense, los fanáticos que desfilaban por las calles de Toronto detuvieron su marcha triunfal cuando el semáforo cambió del verde al rojo.

Trudeau ganó las elecciones porque su mensaje de cambio permeó en el ánimo de los electores. “Los canadienses han elegido el cambio, el cambio verdadero”, dijo el líder del Partido Liberal la noche de la elección. Las cifras confirman la afirmación, su partido obtuvo un triunfo espectacular en el Parlamento, pasando de 33 curules a 184, un número que le garantiza la mayoría absoluta.

También es evidente que, al menos en parte, la nostalgia jugó un papel importante en la elección, y que ser hijo del legendario y carismático primer ministro Pierre Trudeau en algo le ayudó. De sus 16 años al frente del Gobierno, hay opiniones diversas y encontradas, pero el consenso entre los expertos en el tema es que fue uno de los más inteligentes y mejores primeros ministros que el país ha tenido y, sin duda, el “padre de la moderna Canadá”.

Como candidato, Justin prometió recuperar la tradición de valores humanitarios y liberales que su padre inspiró e impulsó. En cierto sentido, se podría pensar que el triunfo del joven Justin estaba anunciado. Otra historia que circula hoy en el anecdotario popular cuenta que en 1972, durante la visita oficial del presidente Richard Nixon a Ottawa, dirigiéndose a los padres del recién nacido Justin, el estadounidense levantó su copa y brindó por el futuro primer ministro de Canadá, Justin Pierre Trudeau.

Trudeau ha anunciado que en cuanto asuma el cargo, que podría ser el 4 de noviembre, combatirá la desigualdad y se replanteará la posición canadiense respecto a la lucha contra el cambio climático, que revisará las leyes antiterroristas, suspenderá la compra de aviones de combate estadounidenses y ordenará el retiro de las tropas canadienses que actualmente combaten al Estado Islámico. Asimismo, se ha propuesto reforzar la red de seguridad social a los ciudadanos más vulnerables, aumentar la participación de Canadá en las organizaciones internacionales y ampliar el concepto de nacionalidad para hacerlo más incluyente.

De todas sus propuestas, sin duda, la más interesante es la que va en contra de la austeridad. “Ahora que las tasas de interés están bajas, que la infraestructura del país envejece, que los precios del petróleo están bajos y la economía está estancada, es hora de invertir”, ha dicho Trudeau. Hay que quitarse el miedo al déficit y aprovechar el momento para estimular la economía.

Pero no vaya usted a pensar que Trudeau se parece en algo a Alexis Tsipras y Canadá, a Grecia. Los griegos están metidos en un predicamento, porque por décadas sus gobernantes han sido ineptos y corruptos, y porque los actuales prometen soluciones mentirosas e incumplibles. Canadá no está en quiebra y Trudeau no le echa la culpa a nadie por los problemas temporales que hoy enfrenta su país.

“Trudeau”, me dice un amigo canadiense, “tiene una visión más positiva del papel que debe jugar el Gobierno y un estilo más activista, pero realmente, liberales y conservadores en Canadá gobiernan desde el centro aunque hagan campañas desde la izquierda o la derecha”.

Creo, sinceramente, que nada define mejor al país que estas dos declaraciones hechas la noche de las elecciones. Trudeau le recordó a sus seguidores que los derrotados “conservadores no son nuestros enemigos. Son nuestros vecinos”. Y en su discurso de aceptación de la derrota, Harper dijo que “si bien es cierto que el resultado no fue el que esperábamos, la gente nunca se equivoca”. Eso es vivir en un Estado democrático y civilizado.


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