[OBJETIVOS DE DESARROLLO DEL MILENIO]

El reto de la pobreza extrema

El reto de la pobreza extrema
El reto de la pobreza extrema

La extrema pobreza –vivir con menos de 1.25 dólar al día, según estimaciones actuales– es un problema constante para demasiadas personas. En Panamá, tal nivel de pobreza aún afecta a 100 mil habitantes, según las cifras del Banco Mundial.

También es uno de los retos más importantes a abordar porque la población más próspera puede acceder a más alimentos, obtener mejor acceso a la educación y a la atención sanitaria y, en general, vivir mejor. Por lo tanto, ese gran progreso en la reducción del flagelo, en los últimos años, es bueno.

En los países en desarrollo, la proporción de gente que vive en pobreza se redujo a la mitad, entre 1990 y 2010. Según el Banco Mundial, un poco más de mil millones aún viven en condiciones de pobreza, a pesar de que el número representa una disminución de 1.9 mil millones. La gran pregunta ahora es si esta rápida mejora se puede mantener de modo que podamos hacer que sea historia. Esta es la pregunta que el profesor John Gibson, de la Universidad de Waikato, se propone responder en un documento encargado por mi grupo de expertos, el Copenhagen Consensus Center.

La solución obvia es, quizá, no abordar la pobreza de frente, sino enfocarse en otra política que ayudaría a reducirla de forma dramática: el libre comercio. Los costos de completar con éxito las negociaciones de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio, generarían más de 2 mil veces su valor en beneficios para los países en desarrollo, y sacarían a 160 millones de personas de la pobreza. Sin embargo, esta política también resultó muy difícil de implementar, y Doha languidece.

Gibson señala que, ya para los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en 2000 se evaluó una serie de objetivos alternativos y fueron rechazados en favor de uno simple: reducir a la mitad la tasa de pobreza absoluta. Él argumenta que este objetivo es el más sensato.

Sin embargo, cualquier objetivo puede sonar simple en apariencia, pero medir el progreso –o incluso crear una base de referencia confiable– o puede estar plagado de dificultades. La recopilación de estadísticas fiables es casi imposible en los países con poca infraestructura de encuestas, es decir, en lugares en que la pobreza persiste como un gran problema. Y, si no podemos medirlo, no sabemos si los recursos se utilizan de forma correcta.

Lo mejor que se puede hacer es tomar las cifras que estén disponibles y sacar conclusiones lo más amplias que podamos. Esto se puede hacer en Vietnam, que logró un progreso sorprendente en los últimos años. En 1993, el 64% de su población estaba por debajo de la línea de pobreza, y en 2010 la cantidad bajó a solo el 5%.

Los beneficios son de gran alcance. No solo las personas ganan más y tienen mejor acceso a una buena nutrición, sino que la gente más próspera, por lo general está mejor educada, vive más tiempo y puede hacer una mayor contribución a la economía en general. El costo más bajo para sacar gente de la pobreza viene a ser la suma de dinero necesario para tapar su brecha de pobreza. Resulta que cada dólar transferido con ese fin rinde entre seis y nueve dólares en beneficios generales, y se traduce en aumento de la longevidad, mejor educación y mayores ingresos.

Esto suponiendo que el dinero es bien encaminado, tarea casi imposible. Una parte se utilizará de forma indebida y otra se perderá, por lo que la verdadera recuperación de la inversión se puede reducir a la mitad, tal vez entre cuatro y seis dólares por cada uno que se invierta. Un punto importante es que el enorme progreso logrado en países del este de Asia (incluyendo Vietnam) en el pasado reciente, se debe a factores que quizá no existen en los demás países. Otro factor en juego en el este de Asia es que el alimento básico es el arroz. A medida que la prosperidad aumentó y la población comenzó a consumir más trigo y carne, el arroz se abarató y resultó más accesible a los pobres que dependen más del grano.

En los países africanos en los que hay mucha más dependencia del trigo y el maíz, la demanda de estos productos para la alimentación animal y biocombustibles empuja el precio hacia arriba. Esto significa que debemos reconocer la dificultad de mantener la rápida tasa de reducción de la pobreza en el mundo, tal como la vimos en las últimas dos décadas.

La pobreza es un tema complejo, pero la experiencia demuestra que se puede hacer mucho para reducirla. El libre comercio y la migración más libre crean programas inteligentes que ayudan a millones de personas a salir de esa condición.

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