Observando el acontecer del país me percato cada día que pasa de lo deteriorado que se encuentra el sector agropecuario por no contar con una política de Estado. Es un tema que debe preocuparnos profundamente. Supongamos que el Estado logra establecerlo como prioridad y nuevamente el sector agropecuario esté funcionando adecuadamente, aun así estoy seguro de que tendríamos un segundo problema, que sería el recurso humano.
La falta de políticas certeras con respecto a este asunto es de donde nace mi idea fundamental de buscar soluciones paralelamente. Ello consiste en hacer un análisis profundo del estado actual del Instituto Nacional de Agricultura (INA Dr. Augusto Samuel Boyd), en Divisa, en todo lo extenso de la palabra, y para ello sería bueno invitar a colaborar a los empresarios del sector, por ejemplo Melo, Toledano, Atanasiadis, y otros tantos que escapan de mi memoria y que están realmente comprometidos con sus rubros y con el sector general; qué bueno sería reunirse e iniciar la creación de una fundación sin fines de lucro para lograr mejoras a este instituto y dicha fundación garantice su renovación en lo científico y tecnológico. Habría que sumar al Ministerio de Educación para que aporte al mantenimiento de las estructuras existentes con la partida que corresponda del presupuesto nacional, de manera que puedan contarse con instalaciones apropiadas y los insumos necesarios para formar el recurso humano que pueda rescatar el agro del abandono.
Esta fundación sería una administradora de los recursos de dicha institución, todo ello con transparencia y asegurándose de que el mantenimiento no falte y de esta manera el albergue de los estudiantes esté siempre en óptimas condiciones, y poder garantizar los peritos agropecuarios que necesita el sector; en otras palabras, para poder tener estos talentos disponibles para que sean motor fundamental en la producción nacional. Si fueran necesarios cambios legales para permitir esta figura, estoy seguro de que los diputados de nuestro país apostarían por permitir que ello se diera.
Es importante que una vez se vaya concretando esta idea se realicen los contactos con escuelas de agropecuarias como el Itesm, Zamorano, la Escuela de Agricultura de Chapingo en México y otras más para la transferencia de tecnología y estar enrumbados en la vía correcta para no fallar.
Los invito a que se lean la historia de ese gran empresario mejicano don Eugenio Garza Sada, fundador del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (https://tec.mx/es/nosotros/nuestra-historia) y podrán ver por qué ponemos como ejemplo a este soñador que pudo concretar una idea similar en muchas ramas de la ciencia, y al día de hoy los frutos son un ejemplo para México, América Latina y el mundo.
Es importante mencionar que la fundación que se propone generará sus propios recursos para el plan trazado y evitar así el canibalismo político, el cual estoy seguro si se permite su intromisión, esta idea moriría en su cuna.
Espero que este esbozo que ven en este artículo sirva de base no solo para el sector agropecuario, sino también para otros sectores de productividad del país y lo podamos hacer efectivo lo antes posible, de tal manera que sea un primer paso para que estas escuelas sean modelos para las futuras generaciones y poder así lograr lo que hasta ahora no se ha podido por la vía gubernamental.
Esperamos que esto no caiga en oídos sordos y aceptemos el reto, de no ser así, nos estaremos disparando en el pie y los invito a iniciar juntos este proyecto que estoy seguro que una vez esté concretado, el único ganador será nuestro hermoso Panamá.
El autor es ingeniero