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Sábado picante

El señor Bernardo Meneses es el director del Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos (Ifarhu). Pero lo de director es un eufemismo. De la forma en que se conduce, más bien debería llamarse títere. Si de la Asamblea Nacional le dicen salta, él preguntará ¿de qué puente? Si uno de ellos quiere becas para sus clientes en su circuito, dirá “las que usted diga”. La política ha desvirtuado por completo el mérito de alcanzar las metas de estudio. La comunidad estudiantil no necesita esforzarse mucho para recibir dinero a cambio de ir a la escuela. Beca universal, la llamó Martinelli, y creó un subsidio que, lejos de estimular el estudio, promueve el juega vivo. Y ahora, también becan a los hijos de políticos.

No voy a recriminar a la diputada. Ella pudo ir donde Meneses y pedirle $1 millón para los estudios de su hija o $61 mil. En ningún caso cabía darle lo que pedía, pues ella y su marido tienen para pagar esos estudios. Y si la manta no alcanza para arroparse, la alternativa es un préstamo, como los que pedimos los mortales que ganamos algo de dinero, y pagar el crédito. Así debió decirle Meneses a la diputada o al que tramitó la plata. Pero es más fácil ser un pusilánime que decir que no.

Meneses no tuvo las agallas para negar el capricho. Me pregunto a cuántos más le dio el sí, robándole la oportunidad a quienes sí tienen esas necesidades, porque la plata que tienen no alcanza para cirugías gástricas o plásticas ni para campañas electorales; ni siquiera para pagar el pasaje de avión para ir a la universidad. Esa falta de carácter de Meneses condena a jóvenes a quedarse en un país que necesita a gritos profesionales, preferiblemente del extranjero, porque nuestra educación es tan arcaica que no debería impartirse en escuelas, sino en museos.

Para lo que sí le sobra valor a Meneses es para ocultar su cobardía. Nunca quiso revelar a este medio la lista de los auxilios económicos no reembolsables mayores de $50 mil. ¡Claro! Ahora sabemos por qué. Esa lista solo reflejaría la hipocresía de venderse como un funcionario que le importa el futuro de la juventud vulnerable y de escasos recursos, cuando él es el responsable de mantenerlos atrapados y sin salida en el círculo de la penuria. Traiciona su conciencia y sus orígenes a cambio de unos dólares como el títere de turno en el Ifarhu.

Y si estas ayudas requieren refrendo de Contraloría, pregunto, ¿qué es lo que controla esta institución? ¿Es que los responsables de refrendar no tienen conciencia? Con usted, señor Meneses, y demás funcionarios que aprueban estos favores: tengan la decencia de renunciar y dejen el cinismo. El país se los agradecerá, pues gana mucho más si no ocupan esos cargos. Sus acciones equivalen a tomarse una botella de Macallan 18 años para brindar por la desgracia de jóvenes que ven truncados sus sueños, porque funcionarios como usted, señor Meneses, nunca aprenderán a decir ¡no!


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