Asunción, Paraguay. Las calles son un hervidero de manifestantes furiosos. Lo han perdido casi todo en un banco que apostó tan alto y tan irresponsablemente que tuvieron que intervenirlo —tardíamente— y ordenar su inmediata liquidación. La mitad del país —tres millones de personas— se pregunta qué podrá recuperar. Las esperanzas son una mezcla de ira y sed de justicia, pues el dinero es lo que menos verán. El banco: Ueno, entidad digital que antes era una financiera sin importancia.

Pero todo cambió cuando Santiago Peña llegó al poder. En agosto de2023, solo tres meses después de ser juramentado presidente del Paraguay, Financiera Ueno fue autorizada por el Banco Central para convertirse en banco. ¿Quién dirigía este banco estatal? Nombrado por Peña, era el banquero Carlos Carvallo, quien –casualmente– había presidido Financiera Ueno hasta días antes de la juramentación de Peña.

Peña, que fue accionista de Ueno Holding, sabía bien a quién designaba. Probablemente lo nombró con ese fin: convertirlo en banco, dadas las decisiones que tomó después. Sin trayectoria ni gran experiencia en el mercado bancario, Peña le envió cuantiosos recursos estatales, incluyendo dinero de pensiones. Solo en plata del Estado, el hoyo es de cientos de millones. Peña y Carvallo renunciaron, aunque en el caso del primero, el Congreso no aceptó su renuncia y ahora será enjuiciado por mal desempeño de funciones y conflicto de interés.

¿Por qué esto es importante para Panamá? En primer lugar, es una alerta para las autoridades locales, no porque Ueno tenga relación con nuestro país, sino porque la reputación de un solo banco puede arrastrar todo el sistema. Y no es por el banco, sino por el regulador, porque si no cumple con seriedad su papel, la pregunta sería entonces: ¿Cuántos bancos están en la misma situación? Muchos no esperarán la respuesta. Tomarán su plata y se irán por desconfianza en el sistema, pero, especialmente, en el regulador.

En segundo lugar, porque ya debemos empezar a tomarnos en serio el tema del conflicto de interés. En Panamá hay una ley sobre ese tema y a nadie le importa, mucho menos respeta, ni siquiera el presidente. Y si él no lo hace, ¿qué puede esperarse de los que están a su sombra, si de él reciben el ejemplo? Mucha tinta y papel hemos gastado denunciando los conflictos de interés, pero el tema no pasa de ser una divertida e inofensiva curiosidad.

Lo tercero es que nombramientos por amistad no garantizan eficiencia, integridad ni capacidad. Y el presidente Mulino tiene la costumbre de nombrar por puro amiguismo. Lo dijo desde el primer día y nos lo restriega a la cara: va porque va sin importar si sirven o no. Lo importante para él es ser amigo. Lo admite abiertamente para luego hacer lo que mejor hace: rofear. “Es mi amiga/o ¿y qué?”.

Ahora exporta su amiguismo. Lo hace con su irresponsable colega paraguayo: “Rescato la actitud del presidente Peña, porque sé del profundo amor hacia su nación, a la que ha defendido siempre”. ¿Qué clase de patraña es esa? ¿Alguien que arruina a tres millones de compatriotas le importa la gente? El amor por la patria al que se refería Mulino, ¿es el mismo que él nos iba a demostrar cuando dijo que iba a prender el país por los cuatro costados sino le permitían postularse a la Presidencia en 2024?

Bien ganada la respuesta en X que le dio Chilavert, el futbolista paraguayo: Peña no ama Paraguay… y, señor Mulino, “no apoye más a los ladrones del Paraguay”. El problema es que a Mulino no le importa nadie, ni de Panamá ni de Paraguay, porque terminar su comentario diciendo que Peña “ha sido un presidente amigo de nuestro país, de nuestra gestión y de mi persona. Lo que valoro y valoraré siempre” es una desfachatez.

O sea que, sin importar lo que haga, Peña siempre será su amigo, como lo es el cobarde fugado. Mire, señor Mulino, no me importa quiénes sean sus amigos personales, pero si va a elegir amigos a nombre del país, este es de sus peores ejemplos. Y aunque yo sea un perfecto don nadie, Ud. no me representa y seguro que no representa a muchos más, por lo que le sugiero —con todo respeto— abrir su cuenta personal en X, poner una foto suya sin la banda presidencial y, si quiere bailar Compa Coleto, solidarizarse con Peña o jurar fidelidad a MAGA, allí podrá hacerlo sin arrastrarnos a todos.