DIAGNóSTICO

La salud mental en Panamá

La sociedad en su conjunto está expresando problemas alarmantes de salud mental. Los casos de agresión, violencia, asesinatos, feminicidios, violaciones sexuales, acoso sexual, pornografía infantil, prostitución, drogadicción, delincuencia juvenil, son ejemplos de estos problemas. La violencia se ha normalizado y en muchos sitios es parte de la cotidianidad. Es una conducta esperada y en ocasiones aprobada socialmente, porque las personas no creen en la justicia y se toman las leyes en sus propias manos.

La sociedad panameña considera que el castigo físico está bien y hay quienes validan esta aseveración, justificando las palizas que recibieron en su infancia, como una forma de educación y no de maltrato. La ciencia psicológica nos indica que las buenas conductas deben ser moldeadas y modeladas en el seno de la familia y de la comunidad y que las conductas inadecuadas se corrigen y se enseñan con los castigos pertinentes a las conductas, que no deben ser físicos, ni emocionales, porque destruyen la autoestima y favorecen el desarrollo de una personalidad violenta.

Es ampliamente conocido por las investigaciones sobre el tema, que los niños que han sido abusados sexualmente o agredidos física, verbal o emocionalmente, cuando crecen tienen una alta probabilidad de repetir las conductas y patrones emocionales que aprendieron en la infancia. La violencia, como las adicciones, se transmiten generacionalmente. Los niños aprenden de sus progenitores y aunque sufren, es la única expresión emocional que han aprendido y que siguen repitiendo. Normalmente, los niños abusados o lastimados de alguna forma, no los llevan a terapia. Los progenitores y sus familias asumen que, con el tiempo, olvidan y sanan la herida. Sin embargo, no ocurre así en la esfera psicológica. Esas heridas que no fueron curadas, y que muchas veces han sido ocasionadas por progenitores, familiares y personas amigas, -en los cuales los niños deberían encontrar protección y cariño-, dejan una huella y un dolor profundo que no olvidan.

Hemos estigmatizado la salud mental. Mucha gente piensa que quien va al psicólogo esta “loco” y por eso no liberan esas emociones negativas, que represan hasta que los controles emocionales se disparan, por una situación de celos, rencillas, que en condiciones normales pudieran solucionarse con una buena comunicación.

El país tiene una gran cantidad de profesionales de la salud mental que están preparados para orientar a las personas en la solución de sus problemas, frustraciones, rencores y todo tipo de emociones negativas que los llevan a cometer conductas agresivas y delictivas.

Es momento de aceptar que como sociedad tenemos grandes problemas de salud mental. Como todo, la solución comienza con aceptar que los gritos, los golpes, la agresión, la agresividad y la violencia no son normales y que la solución a los graves problemas que individual o colectivamente experimentamos tiene solución. La salud mental es un problema colectivo, porque la sociedad está recibiendo sus efectos diariamente, en los maltratos, las violaciones, los asesinatos, el pandillerismo y la inseguridad social en la que vivimos. Es hora de hacer un alto: de buscar ayuda, no silenciarse y las entidades e instituciones ofrecer los servicios de salud mental que requiere la población. Debemos desarrollar niños sanos, comunidades sanas, con emociones saludables para una mejor sociedad.

La autora es psicóloga

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