Nuestras autoridades de salud y la población panameña han percibido el sistema de salud como aquel que cura las enfermedades. Por eso ha sido más importante la construcción de obras y megaobras, la compra de equipos y los nombramientos de especialistas para tratar la enfermedad, olvidando, como nos enseñó el Dr. José Renán Esquivel, que la enfermedad no se produce en los hospitales, sino en los hogares y comunidades.
Esa euforia constructora, pocas veces justificada, ha superado cualquier antecedente, lo que me motivó a compartir con ustedes la necesidad de subrayar que la gran mayoría de los determinantes sociales, económicos y ambientales de la salud extienden sus orígenes más allá del sector salud y sus políticas. Por esto, es impostergable colocar la producción de salud en todas las políticas del Gobierno, y no solo en el quehacer del Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social.
El concepto de “Salud en todas las políticas” se basa en los principios de promoción de la salud, desarrollados inicialmente en la Declaración de Alma-Ata sobre Atención Primaria de Salud (1978) y la Carta de Ottawa para la Promoción de la Salud (1986). El enfoque de STP fue desarrollado posteriormente en la Declaración de Adelaida de 2010 sobre Salud en Todas las Políticas.
De gran relevancia fue la Conferencia Mundial sobre los Determinantes Sociales de la Salud (Río de Janeiro, Brasil, octubre de 2011). En ella expresamos nuestro compromiso de lograr una equidad social y sanitaria mediante la actuación sobre los determinantes sociales de la salud y del bienestar, aplicando un enfoque intersectorial integral. Como si fuera poco ratificamos la necesidad de cumplir con las tres recomendaciones generales de la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud, a saber: mejorar las condiciones de vida; luchar contra la distribución no equitativa del poder, el dinero y los recursos, y medir la magnitud del problema, analizarlo y evaluar los efectos de las intervenciones”.
Posteriormente, en la Declaración de Helsinki sobre Salud en Todas las Políticas (2013), se acordó “Comprometerse con la salud y la equidad en salud como una prioridad política mediante la adopción de los principios de la ‘Salud en todas las Políticas’, tomando acción sobre los determinantes sociales de la salud”. También prometieron “asegurar la existencia de estructuras eficaces, procesos y recursos que faciliten la ejecución de la ‘Salud en todas las políticas’ a través de los diferentes niveles del gobierno y entre los gobiernos”.
Más recientemente, durante el 53 Consejo Directivo de OPS, celebrado en 2014, se aprobó el Plan de Acción Regional sobre Salud en Todas las Políticas. También se acordó robustecer la capacidad de las estructuras y organismos intergubernamentales para desarrollar “la salud en todas las políticas”, siendo el sector salud, el que desempeña un papel central en la promoción de los esfuerzos.
Vale recalcar con vergüenza Patria por el evidente incumplimiento, que todas estas iniciativas y resoluciones han sido suscritas por nuestros gobiernos de turno, cuyos delegados no perdieron el tiempo a la hora de viajar a otras latitudes, muchas veces para hacer turismo internacional, financiados por nuestros recursos.
Para poner en perspectiva la importancia de colocar la salud en todas las políticas para abordar los determinantes sociales, económicos y ambientales de la salud, basta darle una mirada a las estadísticas que nos muestran que las inequidades en materia de salud continúan siendo un problema importante en el país. El crecimiento económico no ha sido suficiente para superar la persistencia de la exclusión social y las inequidades, lo que ha producido una amplia gama de resultados negativos de salud. Nuestros promedios nacionales ocultan las marcadas diferencias entre provincias y comarcas. Incluso entre corregimientos de la ciudad capital. Las inequidades en materia de salud se relacionan con la raza, la etnicidad, el género, la orientación sexual, el nivel de ingresos, el lugar de residencia, el empleo y las condiciones de trabajo y otras características. Por ello, es transcendental que el impacto sobre la salud sea tomado en consideración a través de los diferentes sectores que comprenden el trabajo del Gobierno, con plena participación de la sociedad organizada.
Aunque hemos avanzado (con gran costo) en muchas áreas de la atención a la enfermedad, no hemos sido capaces, como sociedad, de colocar a la “Promoción de la Salud integral” en el centro de las agendas de los gobernantes y políticos, a los que les resta emprender las acciones políticas, estratégicas y técnicas multisectoriales, con las que nos hemos comprometido. De particular importancia será fortalecer la capacidad y los conocimientos de las comunidades, movimientos sociales y la sociedad civil, para su participación efectiva en el desarrollo, aplicación y seguimiento de la “Salud en todas las políticas”.
El autor es ciudadano
