“Mi más grande temor es el silencio de los buenos”, es un dicho usado por líderes mundiales en tiempos de crisis institucional.
Pues bien, ya en el día de hoy me alienta ver que la ciudadanía inicia una gran coalición. Primero, a través de sus organizaciones, las más importantes del sector empresarial, lideradas por las más representativas de ellas: la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura, y la de sus profesionales la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa… y ayer el Conep.
Por los lados de la sociedad civil, la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana (capítulo panameño de Transparencia Internacional) ha convocado a una reunión de docenas de organizaciones de la sociedad (entes privados dedicados a la agenda pública que no aspiran al poder público), faltan los profesionales, los sindicatos, los estudiantes, los indígenas, los del agro y todos los del Panamá profundo… con la intención de una gran reunión de todos, para pasar de los comunicados a una agenda de acciones en que todos los ciudadanos podamos participar para que se vea físicamente el poder y la acción ciudadana.
En una democracia somos los ciudadanos los dueños del poder, y nosotros tenemos nuestra visión a largo plazo del país que queremos (la 2030). ¡No es verdad que vamos a permitir que una caterva de corruptos, amenazados y chantajeados por los corruptos mayores, dirigidos desde El Renacer, destruyan la democracia nuestra, que tanto sudor, sangre y lágrimas nos ha costado!
¡Ya se sienten en el ambiente la unidad y fuerza ciudadana! ¡Ya se siente que el pesimismo inútil se torna en optimismo constructor! ¡Ya se siente la fuerza de la unidad!
Ya se va sintiendo el poder ciudadano transformado en acción constructora.
¡Ya sentiremos la satisfacción de ver a los “poderosos” saliendo en estampida!
Ya con el poder ciudadano activado, todos los panameños de todas las tendencias políticas, de todas las ideologías, nos uniremos en una sola voz: la voz de la decencia, la voz de los que sentimos la fuerza de nuestras raíces de patria, de una patria democrática, participativa y justa, una patria que es proyecto y oportunidad para todos sus hijos, donde el mérito (y no el padrinazgo y la corrupción) sea el motivo del progreso y felicidad.
¿Que estoy soñando? Sí, pero soy un soñador pragmático, que sabe que todo éxito se inicia con un sueño.
¡Vamos, ciudadanos! Querer es poder sin descalificaciones, sin intolerancias, simplemente pasando del “yo” al “nosotros”, ¡como lo hemos hecho para resolver todas las grandes crisis de nuestra historia!
El autor es fundador del diario ‘La Prensa’.