La fauna política panameña acoge una curiosa especie de individuo que padece del poco conocido, pero muy extendido, síndrome de los puntos negros. El afectado por este mal, que parece ser contagioso sobre todo en períodos próximos a las elecciones, está siempre listo para criticar todo. Casi sin pensarlo, reacciona ante la llamada del periodista que le pide opinión, fijando su atención solamente en los puntos negros del escenario como quien padece de la deficiencia oftálmica que les provoca ver siempre moscas volando en la retina.
No existe consenso sobre cuál es el origen de la enfermedad. Los investigadores estudian si se trata de factores genéticos o de un desbalance hormonal, pero más allá de la posible dolencia, en muchos casos detrás de los síntomas suelen esconder intereses mezquinos al pretender ejercer un liderazgo social sobre la base de que solo ellos saben cómo actuar siempre en el área blanca del papel, sin puntos negros.
Aprendieron muy bien en la escuela la lección de tener juicio crítico, pero olvidaron que este debe estar fundamentado en una lógica racional y ejercido tras un proceso cognitivo que ha sido la diferencia que nos distingue de las otras especies animales. Son muy buenos para dramatizar situaciones imaginarias que les encantan a los medios de comunicación, los cuales los acogen porque atraen la atención ante la pantalla o el micrófono y suben el rating con la confrontación que provocan, sin duda más atractiva que la buena noticia.
Estos depredadores, como los hongos y los mohos que viven en ambientes oscuros y descompuestos, apuntan con sus opiniones a fortalecer el problema más que a buscar su solución. Como a las setas, la naturaleza los necesita en limitadas proporciones porque degradan la materia muerta. Difícilmente los encuentra proponiendo alternativas constructivas, pues solo se quedan acompañando al policía en las batidas contra los presuntos maleantes, o al carro de la morgue cuando ya no hay opciones.
Una pequeña parte de la sociedad ruidosa integra este grupo, y otra les hace coro atraídas por la estética morbosa. Algunos observadores científicos indican que tienen una activación más intensa en el córtex del círculo anterior y el prefrontal con inclinaciones que pueden culminar en la depresión, el alcoholismo o el suicidio.
Ante alguna iniciativa valiosa, siempre tienen una reacción negativa. No debe haber esperanza, no hay espacio para la prueba, pues al futuro debe alternar entre el desastre y la desdicha para poder ellos continuar ejerciendo su vocación de eternos críticos. Anuncian con megáfonos la desintegración de la sociedad y suelen advertirnos de que lo peor está por llegar, convirtiéndose en seguidores de Henry James que decía:“Siempre espero lo peor y siempre resulta peor de lo que esperaba” , y de Gustavo Adolfo Bécquer cuando escribía en su poema“alguien va sembrando el mal para que yo lo recoja”.
Ante una realización que merece aplauso solo descubren algún detalle negativo. Tratan siempre de encontrar un defecto en algún otro líder, acusándolo de no tener capacidad para el cargo o porque tienen demasiadas, porque son muy jóvenes o porque tienen excesiva experiencia. Las mujeres en especial acostumbran a ser buenos blancos de sus críticas, aun de parte de las que provienen de voceros del mismo género.
Anuncian lluvia cuando sacamos el vestido de baño o pronostican el fracaso antes de comenzar el juego. Son los que frente a la recuperación del Canal decían que no estábamos capacitados para administrarlo o frente a la ampliación decían que no tendríamos suficientes clientes o agua para mantenerlo. Los enfermos del mal de los puntos negros debieran inscribirse en la fuerza conjunta, que solamente es buena para administrar las calamidades.
Todos debemos ser fanáticos del análisis juicioso y de la crítica frente a los hechos. La necesitamos ante la confusión en la encrucijada como la que ahora vivimos, especialmente en el caso de la justicia. Pero este examen debe ser libre no solamente de compromisos partidarios, sino también de los propios intereses sórdidos y de actitudes prejuiciadas o mesiánicas.
Bienvenida la crítica constructiva con madurez emocional, humilde, independiente y honesta, cualidades de un buen líder de opinión. Bienvenido el crítico objetivo y certero, valiente y oportuno, justo y sin dobleces, constante y comprometido, sin padecer del síndrome de los puntos negros.
El autor es rector de la USMA