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CIENCIA Y RELIGIóN

Los sinsentidos del mundo

El significado habitual del término “sinsentido” no debe sernos extraño o desconocido. Por lo general, con él nos referimos a algo absurdo o incomprensible, que no se logra aprehender y, por ello, nos deja perplejos.

Si bien hay sinsentidos triviales o insignificantes, existen otros de extenso y profundo calado. Estos sinsentidos se refieren a la injusticia, el sufrimiento y la muerte del ser humano en la historia del mundo. Las más terribles injusticias nunca son compensadas por los más severos fallos y condenas; los más crueles sufrimientos jamás son mitigados por las mejores terapias o medicinas. Y la muerte no ha sido ni será vencida en ningún momento por ciencia alguna. Las religiones y sus pensadores, si bien han tratado en todo tiempo de brindarnos una solución a lo que las ciencias no parecen poder resolver, hoy día –cada vez más– parecen replegarse y ser descartadas por el progreso científico-tecnológico.

Para las ciencias y sus tecnologías, no existe ningún más allá en que los sinsentidos de la historia se puedan solucionar. A menos que, si imaginamos o soñamos, se lograra inventar una máquina del tiempo que nos permitiese viajar al pasado, y además erradicar todo el mal de la historia. Tal quimera tecnológica, propio de la ciencia ficción de H.G. Wells (autor de la obra Time Machine) o Donald P. Bellisario (creador de la serie, Quantum Leap), no solo sería un maravilloso artefacto para viajar al pasado, sino también un asombroso mecanismo jurídico de alcance cósmico. Dudo, sin embargo, que la tecnociencia actual o futura pueda construir en algún momento lo que en Oriente se atribuye al karma, o en Occidente, al juicio final y el reino de los cielos.

Los sinsentidos del mundo constituyen un problema teórico y práctico a la vez, que ningún ser humano puede escapar, sea creyente o incrédulo. Atañen a nuestra razón y corazón. Ante este problema, la mera fe religiosa tiene el inconveniente de no satisfacer a la razón. La pura ciencia, por su parte, decepciona al corazón. Quedan entonces las reflexiones filosóficas que, sin ser ciencia ni religión propiamente hablando, tienen el compromiso intelectual y moral de atender esta problemática, buscando mediar entre el corazón de la religión y la razón de la ciencia.

Es tarea propia del pensamiento filosófico brindar respuesta al sinsentido que asedia y asola a la existencia humana. Sin embargo, esta tarea no puede realizarse solo con sus propios esfuerzos; la reflexión filosófica necesita tanto del espíritu científico como de la esperanza de las religiones. Ambas, ciencias y religiones, buscan resolver los problemas fundamentales del hombre, que tienen su origen en los sinsentidos del mundo. Pienso que la filosofía no debería ignorarlas.

El autor es   docente universitario


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