Francia observa con consternación un nuevo caso de racismo. El país en el que triunfan las tesis antiinmigración del Frente Nacional ha visto cómo durante estas navidades el alcalde de un pequeño pueblo del sur de París, Champlan, denegaba sepultura a una bebé gitana. La niña, de dos meses y medio, fue finalmente enterrada en Wissous, un pueblo próximo, más de 10 días después de su fallecimiento, tras una triste peripecia que ha puesto de nuevo en entredicho la buena fama de país de acogida de la que sigue disfrutando Francia.
La niña María Francesca falleció por muerte súbita en la noche del 25 al 26 de diciembre y sus padres pusieron en marcha las gestiones para enterrarla. El Ayuntamiento de su pueblo, sin embargo, según el gerente de la empresa de pompas fúnebres encargada del cadáver, denegó el permiso para darle sepultura en el cementerio del lugar. Las primeras declaraciones del alcalde, Christian Leclerc, de un pequeño partido de derecha, avivaron la polémica. Argumentó que el camposanto es pequeño, dispone de pocas plazas vacantes y hay que dar prioridad a los vecinos que pagan sus impuestos locales.
Leclerc ha asegurado ahora que tales declaraciones fueron tergiversadas, que todo se debió a un malentendido y a problemas burocráticos, y ha dado el pésame a la familia. Esta vive en uno de los tres poblados chabolistas de Champlan, sin luz ni agua corriente. Hace un mes, un bando municipal alertaba sobre un caso de tuberculosis en uno de los niños romaníes y el alcalde se quejaba de la amenaza para la salud pública que supone la falta de higiene de estos asentamientos. En el Ayuntamiento rehusaron confirmar la veracidad de este documento difundido por la Asociación de Solidaridad en Essonne con las Familias Romaníes (ASEFRR). Esta asociación es la que ha dado a conocer este escándalo y la que ha acompañado a la familia de la bebé, costeando incluso sus exequias.
El caso ha generado una importante ola de indignación y vergüenza. El presidente François Hollande rechazó la posibilidad de que se defina a Francia “por lo ocurrido en un cementerio”.
“Negar la sepultura a un niño en razón de su origen es una injuria a su memoria y a Francia”, ha dicho el primer ministro Manuel Valls. Es un rechazo “lamentable, indefendible e injustificable”, ha declarado la UMP. Incluso la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, ha protestado por la “falta de humanidad” demostrada.