La negra lista de la barbarie está en constante aumento: el arco de triunfo de Palmira, el templo de Baal –también en la ciudad Siria–, y los iraquíes museo de Mosul y esfinges de Nínive... Ejemplos recientes de la sinrazón de los ataques contra el patrimonio de la humanidad. La directora general de la Unesco, Irina Bokova, ha calificado como “intolerable” la destrucción de Palmira: “Cada uno de los ataques recientes nos insta a compartir todavía más el patrimonio de la humanidad en los museos, las escuelas, la prensa, el hogar…”.
Sin embargo, las guerras no son el único ni el principal factor que pone en peligro estos y otros lugares con excepcional valor histórico, artístico, arqueológico o arquitectónico. De los 802 sitios que forman la lista del patrimonio cultural de la humanidad, hay 30 que están en peligro. Antes de incluir a cualquier monumento o ciudad en este listado la Unesco realiza exhaustivos análisis sobre el estado de conservación. El documento que recoge las valoraciones de estos informes desde 1979 a 2013 concluye que los factores que más perjudican a los sitios patrimoniales son la mala gestión institucional: el desarrollo urbano descontrolado, el uso inadecuado –como la sobreexplotación turística, este impacto ha pasado de un 8% de lugares afectados en 1985 a un 75% en 2013–, y otras intervenciones de la mano del hombre entre las que se encuentran, por ejemplo, los ritos religiosos, el vandalismo y los conflictos bélicos, aunque estadísticamente en un porcentaje “insignificante”.
Hasta 2013, los lugares destruidos por un ataque deliberado habían sido 44. En la memoria colectiva se encuentra el hueco que los talibanes dejaron tras la destrucción de los colosales budas de Bamiyán (2001).
Hay cantidad de ejemplos de que el hombre continúa siendo un lobo para el hombre, para su historia y sus raíces. En la actualidad, la mayoría se encuentra en África y en Medio Oriente, pero no solo ahí. Los edificios del puerto de Liverpool (Reino Unido), lugar desde donde partiría el submarino protagonista de la canción de los Beatles (aunque no oficialmente, el patrimonio inmaterial más importante de la ciudad inglesa) son patrimonio de la humanidad desde 2004. Fue uno de los centros más importantes de comercio marítimo en los siglos XVIII y XIX. En 2012 pasó a considerarse patrimonio en peligro por un proyecto en los muelles históricos que ampliará el centro de la ciudad, alterará el skyline, fragmentará y aislará–al menos de manera visual– las diferentes zonas del puerto.
Ese año también se deliberó sobre la torre Pelli en Sevilla. Un asunto que ha estado sobre la mesa en distintas ocasiones, ya que se consideraba que el impacto visual de los 178 metros del edificio construido junto a la isla de la Cartuja afectaría a la catedral, los Reales Alcázares y el Archivo de Indias, el triángulo sevillano patrimonio de la humanidad. Finalmente se concluyó que “se evitarían desarrollos similares en el futuro de la ciudad hispalense”.
La Unesco reconoce que si las intervenciones causan el menor impacto en los sitios y, sobre todo, si son reversibles se pueden utilizar. No son lugares vetados, son lugares protegidos y lo ideal es conciliar su desarrollo humano y económico con su conservación. Esto se debería tener en cuenta en sitios como el macizo de Machu Picchu (Perú), patrimonio de la humanidad desde 1983, en el que la sobreexplotación turística puede llegar a ponerlo en peligro. “Tiene exceso de visitantes en comparación con lo que puede absorber. Hay riesgo de deslizamientos de terreno”, explica Lucía Iglesias, miembro del sector de Relaciones Exteriores e Información Pública de la Unesco. “Hay que buscar vías de equilibrio para que esto no ocurra”.
En el templo de Abu Simbel (Egipto), las autoridades decidieron modificar el entorno para soportar el impacto de las hordas de turistas que atascaban las carreteras de acceso y cuya respiración dentro del santuario –de más de 3 mil años– aumentaba la humedad, y la concentración de dióxido de carbono facilitaba la formación de depósitos salinos en los muros. Para resolver los problemas de tráfico, se instauró la circulación en una sola dirección y para reducir la humedad y temperatura en la cámara funeraria se instaló un sistema de ventilación, creando así un oxímoron fruto de las necesidades actuales. Contra las catástrofes naturales es más difícil combatir y son otros de los motivos por los que un lugar puede entrar en la lista de patrimonio en peligro. La ciudad de Bam (Irán) sufrió un terremoto en diciembre de 2003 que dejó en nada sus construcciones de adobe. Seis meses más tarde, entró, a la vez, en la lista de patrimonio mundial y en la lista de patrimonio en peligro. Un grupo de expertos evaluó los daños y se pusieron manos a la obra en la reconstrucción de la ciudadela, una de las muestras más perfectas y mejor conservadas de la arquitectura en adobe del mundo. Como la peruana Chan Chan, una ciudad precolombina de adobe (anterior al imperio Inca), que por la fragilidad del material, la dificultad de su estabilización por las condiciones climáticas extremas (la zona ha sufrido un aumento de lluvias por el fenómeno de El Niño) se ha elevado el nivel de aguas subterráneas, unido a los insuficientes recursos destinados a su conservación, se ve abocada a permanecer en la lista de riesgo.
