[NICARAGUA]

El último grito contra el Canal

Aunque el proceso de expropiación no ha comenzado, los campesinos que han alzado sus voces en 46 marchas temen que durante este año comiencen a expropiarles sus tierras.

El último grito contra el Canal
El último grito contra el Canal

El pasado sábado 13 de junio tuvo lugar en Juigalpa una masiva marcha ciudadana, mayoritariamente campesina, contra la construcción del llamado Gran Canal Interoceánico; la mayor de las 47 marchas que se han organizado hasta el momento en defensa de la tierra, el lago y la soberanía nacional.

El grito de los campesinos es un nuevo llamado a la reflexión al gobierno de Daniel Ortega para que no proceda con el desarraigo de sus tierras para construir un Canal que, a todas luces, va a poner en riesgo la mayor reserva de agua potable de Nicaragua.

Este grito campesino tiene mayor razón de ser ahora, tras un crudo y seco verano en que la misma naturaleza nos ha dado el campanazo de alerta de que nuestras fuentes de aguas subterráneas y superficiales se están agotando y miles de nicaragüenses han padecido de sed por la falta de agua.

Lo que es aún más significativo, el grito tuvo lugar en Juigalpa, una cabecera departamental que crece y se desarrolla gracias a que ahora todos sus habitantes cuentan con una excelente e inagotable fuente de agua proveniente del Cocibolca, con lo que su eterno problema de sed ha quedado resuelto desde que se instaló el sistema.

¿Cuántas poblaciones más, que hoy padecen de sed, podrían beneficiarse al igual que Juigalpa, de las dulces aguas de nuestro “mar dulce”? Resulta insensato y contranatural arriesgar irremisiblemente nuestra mayor riqueza con un dragado nunca antes visto, por el sueño peregrino de ver un buque tanquero o megacontenedor sobre sus aguas. Irónicamente, casi simultáneamente con la marcha, el ingeniero Bill Wild, asesor principal del proyecto del Gran Canal, anunciaba en una conferencia de prensa, y que como de costumbre no se invitó al diario La Prensa, que iniciarían la construcción del Canal con un puerto de aguas profundas en Brito.

Aunque el proceso de expropiación aún no ha comenzado, los campesinos que valientemente han alzado sus voces en 46 marchas temen que durante este año comiencen a expropiarles sus tierras.

En la década de 1980, el gobierno sandinista adoptó la consigna revolucionaria “solo los obreros y los campesinos llegarán al final”, y en el siglo XXI ha quedado de manifiesto que sí, que efectivamente los campesinos llegarán al final, pero no en la defensa de la “revolución”, sino en la defensa de sus derechos, de sus tierras, de nuestra soberanía y de nuestra mayor reserva de agua potable.

Recientemente, la prestigiosa compañía consultora ambiental británica Environmental Management Resourses (EMR) contratada por Wang Jing, finalmente entregó en 14 sendos tomos el Estudio de Impacto Ambiental y Social al gobierno, a través de Marena y de la Autoridad del Gran Canal, que prometió estudiarlo sin que se diera a conocer nada al público. Este estudio representa una oportunidad para que el gobierno se baje elegantemente de la alta escalera en la que se ha subido de su matrimonio, aparentemente indisoluble, con el empresario chino Wang y su megaproyecto del Gran Canal Interoceánico.

No sería nada sensato ni ético ni profesional que una empresa tan seria y prestigiosa como EMR se hiciera de la vista gorda del colosal y evidente impacto ambiental y social que tendría la construcción del Canal, particularmente a lo largo de los 105 kilómetros de la ruta sobre el Lago de Nicaragua, y en la ruta por tierra sobre las propiedades de los campesinos, que con justa razón han lanzado su grito de protesta.

Pero no depende de EMR, que seguramente habrá planteado los riesgos y beneficios más o menos objetivamente, sino de la lectura que le dará el gobierno al estudio. Marena podrá decir: todo está bien, o incluso todo está mal con el mismo estudio, depende entonces del visto bueno de la voluntad política del gobierno de Ortega.

Hay dos interrogantes: ¿qué dice el estudio que es todavía un “secreto de Estado”?, y la segunda: ¿qué lectura le darán al estudio? Y sobre las marchas campesinas quedan también dos interrogantes: ¿seguirá el gobierno poniendo oídos sordos al clamor de los afectados? O recapacitará a tiempo, antes de darse cuenta de que aquel estribillo de los 80 era parcialmente cierto: “¡Solo los campesinos llegarán al final!”.


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