Hay obras públicas que merecen ser reconocidas por lo que representan para una comunidad y por el beneficio que generan en la vida cotidiana de las personas. La Piscina Olímpica de David es, sin duda, una de ellas.
Quienes tenemos la oportunidad de utilizarla podemos apreciar sus instalaciones amplias, modernas y adecuadas para la práctica de la natación. Allí convergen clubes deportivos y atletas que entrenan y representan a Chiriquí en competencias, pero también muchas personas que hemos encontrado en este deporte una excelente manera de fortalecer nuestro cuerpo, mejorar nuestra condición física y cuidar nuestra salud.
Desde hace algunas semanas he vuelto a disfrutar de la natación y, más allá del ejercicio, he descubierto otro placer: sentarme en las cómodas butacas de la piscina y observar todo lo que ocurre a mi alrededor.
Me gusta ver a los niños, algunos de muy corta edad, que comienzan a familiarizarse con el agua y que, con el tiempo, se convierten en jóvenes nadadores. Verlos escuchar atentamente las instrucciones de sus entrenadores y lanzarse al agua ante el sonido del silbato es una verdadera lección de disciplina, constancia y compromiso.
También me conmueve observar a los adultos mayores. Algunos, de 70 y hasta 80 años, recorren la piscina con una técnica impecable y una serenidad admirable. Ellos nos recuerdan que no hay una edad límite para cuidar el cuerpo, mantenerse activos y, sobre todo, disfrutar de la vida.
Y mientras observo todo esto, pienso que una piscina como esta es mucho más que una instalación deportiva.
Es un lugar donde un niño aprende sus primeras brazadas; donde un joven desarrolla disciplina y perseverancia; donde un atleta encuentra las condiciones para prepararse y representar a su provincia; y donde un adulto puede mejorar su salud y su calidad de vida.
Por eso considero justo reconocer el valor de la inversión pública que hizo posible esta importante obra para Chiriquí.
El crecimiento y el desarrollo de una sociedad no se miden solamente por sus edificios, sus calles o el aumento de su población. También se reflejan en los espacios que una comunidad tiene para promover el deporte, la cultura, la salud y la convivencia. Son estos espacios los que contribuyen al desarrollo social y a mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
Y para que esa inversión tenga verdadero sentido, necesitamos una administración pública eficiente, que sepa mantener y poner al servicio de la ciudadanía las obras que se construyen.
Incluso el acceso a la piscina resulta sencillo y práctico. Para obtener el carné, se requiere un certificado de salud, dos fotografías tamaño carné y una prueba de natación, que puede realizarse el mismo día de la entrega de los documentos. Esa facilidad también permite que más personas puedan acercarse y hacer suyo este espacio.
Porque una buena obra pública no termina cuando se inaugura. Su verdadero valor se demuestra cuando la ciudadanía la utiliza, la disfruta y la incorpora a su vida cotidiana.
La Piscina Olímpica de David le ha dado vida al deporte chiricano y se ha convertido en un espacio donde confluyen generaciones, sueños, disciplina y salud.
Ojalá sepamos valorarla en toda su dimensión y podamos conservarla por muchos años.
Que sigan escuchándose allí los silbatos de los entrenadores, las brazadas de nuestros nadadores y ese hermoso sonido de una comunidad que, literalmente, sigue avanzando.
La autora es abogada.



