Cumplir 91 años representa mucho más que una fecha en el calendario. Para la Universidad de Panamá significa nueve décadas de historia, de formación profesional, investigación, pensamiento crítico y aporte al desarrollo nacional. Pero un aniversario también debe servir para mirar hacia adelante y preguntarnos qué universidad necesita Panamá para enfrentar los retos de las próximas generaciones.

La Universidad de Panamá ha sido una institución fundamental para el país. Por sus aulas han pasado miles de estudiantes que posteriormente han contribuido desde la educación, la salud, las ciencias, el derecho, la comunicación, la administración, las humanidades y muchas otras áreas. Su carácter público ha permitido que miles de personas de distintos sectores sociales encuentren una oportunidad para acceder a la educación superior y transformar sus vidas.

Precisamente por esa responsabilidad histórica, la universidad debe proyectarse hacia el futuro. El mundo que recibirán los estudiantes de hoy será muy diferente al que conocieron las generaciones anteriores. La inteligencia artificial, la digitalización, el cambio climático, las nuevas profesiones, la transformación del mercado laboral y los desafíos sociales están modificando la manera en que aprendemos, trabajamos y nos relacionamos.

La Universidad de Panamá no puede permanecer al margen de estos cambios. Necesita fortalecer sus programas académicos, incorporar nuevas tecnologías, ampliar la investigación y establecer mayores vínculos con el sector productivo, las instituciones públicas, las organizaciones sociales y los organismos internacionales. El país necesita profesionales capaces de responder a problemas complejos y de generar soluciones innovadoras.

Para alcanzar esa transformación también se requiere una discusión seria sobre su presupuesto. Una universidad pública de calidad necesita recursos suficientes para modernizar laboratorios, bibliotecas, infraestructura, plataformas tecnológicas y espacios de investigación. También debe contar con programas sólidos de becas, bienestar estudiantil y acompañamiento académico. Invertir en la Universidad de Panamá significa invertir en el talento que el país necesitará para crecer.

Sin embargo, una mayor asignación presupuestaria debe estar acompañada de planificación, transparencia y evaluación. La sociedad tiene derecho a conocer cómo se utilizan los recursos públicos y cuáles son los resultados alcanzados. La autonomía universitaria, elemento esencial de la educación superior, debe convivir con una cultura de responsabilidad institucional y rendición de cuentas.

Otro desafío fundamental está en la formación de los docentes. No podemos esperar que nuestros estudiantes estén preparados para el futuro si sus profesores no cuentan con oportunidades permanentes de actualización. La formación académica debe complementarse con nuevas metodologías de enseñanza, herramientas digitales, inteligencia artificial, investigación y competencias pedagógicas. El docente universitario debe ser también un profesional en constante aprendizaje.

Del mismo modo, debemos revisar qué competencias estamos desarrollando en nuestros estudiantes. Ya no es suficiente dominar los contenidos de una carrera. Se necesita pensamiento crítico, comunicación efectiva, capacidad para resolver problemas, conocimientos digitales, dominio de idiomas, creatividad, trabajo en equipo y disposición para aprender durante toda la vida. La universidad debe formar profesionales competitivos, pero también ciudadanos comprometidos con la sociedad.

La vinculación con las comunidades debe ocupar igualmente un lugar prioritario. La Universidad de Panamá tiene conocimiento, talento y presencia en distintas regiones del país. Esa capacidad puede ponerse al servicio de los problemas nacionales mediante proyectos de extensión, investigación aplicada, innovación social y programas que acerquen el conocimiento universitario a las comunidades.

A sus 91 años, la Universidad de Panamá tiene razones suficientes para celebrar, pero también importantes responsabilidades para el futuro. Su historia merece reconocimiento, pero su verdadero desafío está en evitar que el pasado se convierta en un límite para la innovación.

Panamá necesita una universidad pública moderna, inclusiva, competitiva y conectada con las necesidades de la sociedad. Una universidad que prepare mejor a sus docentes, que brinde mayores oportunidades a sus estudiantes y que genere conocimiento para enfrentar los desafíos nacionales.

Los próximos años deben ser una etapa de transformación. Celebrar 91 años (7 de octubre) debe significar renovar el compromiso con la educación y entender que el futuro de Panamá también se construye desde sus aulas. La Universidad de Panamá tiene la historia para hacerlo. Ahora necesita la visión, los recursos y la voluntad para convertirse en la universidad que el país necesita.

El autor es educador y promotor social.