INDíGENAS

Los verdaderos ambientalistas

El pasado 11 de enero, el valeroso penalista, Dr. Donaldo Sousa interpuso una demanda en la Procuraduría de la Nación en nombre de los pueblos emberá wounan de Cémaco y la provincia de Darién, quienes han sido constantemente acosados por las mafias madereras y desafortunadamente amparadas por las propias autoridades del país; que no cumplen con su función de preservar y velar por los recursos naturales del país.

Lo curioso del caso es que no había ninguna de nuestras rimbombantes asociaciones ambientalistas presentes (salvo por la propia organización de base del doctor Sousa), quienes se debieran haber pronunciado contra semejante devastación. Es curioso ver cómo estas agrupaciones hacen gala de grandes despliegues publicitarios, pero cuando se trata de nuestros originarios, desaparecen y le dejan la tarea y la carga de la lucha íntegramente a ellos, demostrando así que los verdaderos ambientalistas a través de la historia siempre han sido los propios pueblos originarios, y no los supuestos ambientalistas que habitan oficinas refrigeradas, y quienes son los que verdaderamente han protegido nuestros valiosos recursos naturales, ya sea contra devastadoras minerías e hidroeléctricas; hasta contra proyectos amparados por el Estado, que no talan ni uno, ni dos, sino miles de árboles.

El caso de Chan 75 es un clásico ejemplo de cómo los pueblos indígenas han llevado lo grueso de la lucha. Otro episodio fue la jornada de 2011 y 2012 contra las hidroeléctricas, Barro Blanco y la mina Cerro Colorado. Caso donde el gobierno de entonces, en una intentona de devastar la comarca, pusieron los proyectiles y los indígenas, los muertos.

¿La pregunta fue dónde estaban estas rimbombantes organizaciones ambientalistas para entonces? ¿Y dónde estaban estos grupos en las propias palabras desesperadas de una activista ngäbe, cuando se cerraban las compuertas del nefasto proyecto Barro Blanco, al ver morir los miles de peces que les servían de sustento, por falta de oxígeno en el embalse?

Los mismos que brillaban por su ausencia ahora les regatean a los nasos su única comarca por la que han luchado por décadas, y que han tenido que enfrentarse a las autoridades inescrupulosas que hasta les lanzaban lacrimógenas desde el aire en San San Drui en 2009, a la Ganadera Bocas, a poderosos hacendados, quienes constantemente les arrebatan sus tierras, a hidroeléctricas que se han enclavado en su propio territorio a punta de fusil; y ahora al propio gobierno, quienes deben velar por su bienestar les han querido arrebatar el sueño dorado de su comarca.

En definitiva no podemos dejar los pueblos indígenas relegados y atenderlos solo cuando nos conviene. Tenemos que formar un solo bloque monolítico con ellos, los pueblos originarios, campesinos, productores, comerciantes y ambientalistas, que impidan las políticas depredadoras y aventureras del Gobierno y los intereses foráneos. Alcemos la voz contra las prácticas depredadoras de las actuales y futuras administraciones. No podemos dejar las tareas de la protección del medio ambiente y de los recursos naturales íntegramente a nuestros pueblos originarios.

El autor es ambientalista

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