Lo cierto es que no hay aún la certeza absoluta de cómo se escenificó la fatídica batalla del Matasnillo, entre las huestes del pirata Henry Morgan y los defensores del honor español avecinados en la muy noble y leal ciudad de Panamá. Enjundiosos estudios e investigaciones realizadas por connotados cientistas de la historia nacional, nos reseñan que la incursión pirática inicia su impronta con la toma del castillo de San Lorenzo, el 18 de enero de 1671.
Una vez reorganizados los asaltantes, después de una feroz resistencia por parte de los defensores del fuerte, comandados por don Pedro de Elizalde Ursúa. Sedientos combatientes y seguidores de Morgan se valen de bongos y chalupas para remontar el río Chagres hasta Venta de Cruces, donde. y para sorpresa, la única resistencia fue de grupos indígenas que le causaron algunas bajas a los incursionistas.
El recorrido por el empedrado de Cruces, jadeantes y hambreados debido a que una de las providencias tomadas por los defensores organizados en orden de batalla en los llanos próximos a la ciudad de Panamá, fue el de negarles la posibilidad de encontrar ningún tipo de abastecimiento comestible en las diferentes ventas o caseríos que se encontraban a lo largo de la ruta de avance de los piratas. Algunos, narra la historia, se intoxicaron con el contenido de unas tinajas que pensaron eran de vino.
Los defensores españoles, encabezados por el gobernador Pérez de Guzmán, intentaron establecer algunas emboscadas que no se llegaron a realizar porque sus comandantes, llenos de pánico ante la arrolladora muchedumbre de desalmados, prefirieron mejor congregarse en el poblado de Guayabal, donde se encontraba el gobernador con un buen número de defensores.
Las noticias que llegaban a oídos de los mandos españoles estacionados en Guayabal eran desesperantes y Guzmán prefirió replegarse de inmediato a Panamá, para establecer la línea de batalla consistente en la formación de tiradores, lanceros, flecheros indígenas, espadachines y cientos de toros bravos traídos de Chepo, con el propósito táctico de enfrentarlos a los aguerridos de Morgan. También el toque de tambores, cornetas, el redoble de campanas y gritos de los defensores con el fin de atemorizar, más los soldados del fuerte de la Natividad, armados con cañones. El 28 de enero se inicia la batalla del Matasnillo.
El terreno estaba lodoso, los defensores no prepararon barricadas, los toros bravíos fueron aniquilados y solo sirvieron para calmar la hambruna de los piratas. Eran pocos los soldados con experiencia, el resto labriegos, negros acostumbrados a las faenas domésticas y sin ninguna preparación para el combate. El resultado fue el incendio de la ciudad, el saqueo, la muerte y la desolación de los que heroicamente se quedaron a defender la perla del Pacífico.
Escudriñando detenidamente el mapa de Exquemelin, médico y hombre de mucha confianza de Morgan, me da la impresión dentro de lo que fue el planeamiento de tipo militar para la toma de Panamá, que además de transitar por el camino de Cruces, Morgan también destinó hombres para que avanzaran por el eje de marcha del río Trinidad, con punto de reunión en Guayabal y parte del camino Real, para entrar por el puente del Rey o por el cerro San Cristóbal. De esa manera, Morgan peinaba los senderos que convergían en la ciudad, asegurando su retaguardia y provocando la sorpresa al incursionar por el fuerte de la Natividad, por el puente del Rey y el ataque principal en los llanos del río Matasnillo.
¿Será ello cierto? Vean con lupa el mapa de Exquemelin y verán con asombro el gráfico del avance de las tropas y la línea punteada de los caminos coloniales.
El autor es explorador y conservacionista