Hoy día me puedo preguntar: “¿Qué es ser joven?”, y la respuesta varía un poco, dependiendo de la situación y del contexto en el que esté cuando me haga esa pregunta. Si estoy con mis amigos, probablemente, signifique llevarme buenos recuerdos y experiencias para cuando sea más adulto; pero si estoy en un ambiente académico o profesional, lo más probable es que la respuesta sea aprender, comprender el mundo al máximo, y aprovechar cada una de las oportunidades que se me presenten con el transcurso del tiempo.
Tal vez, una de las cosas que tenemos que aprender los jóvenes es que nuestro tiempo en este mundo es limitado; que hay un inicio y un fin, pero la vida es aquello que sucede en ese intervalo, marcado por esas dos grandes murallas. Usualmente, los estudiantes no tenemos dinero en las cuentas bancarias ni trabajamos, así que nuestro único patrimonio es el tiempo y debemos decidir en qué invertirlo. Cuando gastamos cinco minutos de nuestra vida haciendo algo, son cinco minutos que nunca volverán. Por esto, tenemos que comenzar a vivir nuestras vidas como algo propio, y no como el conjunto de sueños de otras personas o de lo que ellos quieren hacer sobre nosotros.
Cada día vemos que ocurren injusticias, y muchas en contra de nuestros contemporáneos, por eso, nos quejamos en redes sociales o lo comentamos en nuestro grupo de amigos. Por eso, pregunto otra vez: ¿Qué hacemos, como juventud? Seremos recordados como una generación que se convirtió en guerrera, detrás de una pantalla y un teclado. ¿No sería mejor ser recordados como la generación que marcó un antes y un después en la humanidad?
Es triste venir a este mundo con el único objetivo de ser uno más del montón, por eso, les propongo que hagamos del mundo una playa, para que podamos dejar huellas por donde sea que vayamos. Es hora de alzar nuestra voz; es hora de opinar, porque debemos tener muy claro que sí contamos, aunque muchos digan lo contrario. Siempre se dice que los jóvenes son el futuro, pero desde mi punto de vista se trata de una mentira. No podemos ser el futuro, si ya estamos marcando la pauta en el presente. Por eso, debemos abandonar el letargo en el que parece que estamos sumidos, de forma colectiva, como juventud actual.
Preguntar: “¿Qué hubiera pasado si...?”, es una de las ideas que más nos retuercen la mente, como jóvenes. Pocas son las veces que se nos presentan oportunidades en las que podemos hablar con libertad, pero una de ellas es el Concurso Nacional de Oratoria, que se organiza cada año en Panamá. Por eso, quiero incentivar a los jóvenes para que no desperdicien la grandiosa oportunidad de participar de este concurso que premia el talento, la elocuencia y el razonamiento humano, en su más alto nivel intelectual. Es una de esas oportunidades que merecen la pena ser aprovechadas, porque cambia la vida de todos los que han formado parte de ella.
