Estamos en la puerta del inicio del período más lindo y sentimental del año. Para los panameños inicia el «mes de la patria», que, aunque deberían ser todos los meses del año, es el período del año en el que más festividades patrias se celebran en nuestro terruño.
Es el mes en que se conmemoran las dos independencias, la primera del Imperio español y la segunda de la hermana República de Colombia, aunque esta aún nos guarde en un rinconcito de su escudo, con añoranza, pero mucho cariño. Es que lo más probable es que todos nuestros abuelos y bisabuelos nacieran colombianos.
Aún recuerdo las tertulias con mi padre, quien infortunadamente no conoció mucho a su padre, don Oscar M. McKay, quien tuvo el honor de ser uno de los 12 prohombres que tuvieron la valentía de firmar nuestra Acta de Independencia esa tarde de 1903, que luego fuera ratificada en un cabildo abierto en la tarde del día siguiente. Mi padre me contaba que su madre le dijo que solo un par de días antes de ese glorioso día de la patria, mi abuelo le entregó las llaves de la casa en Calle 13, las escrituras correspondientes y una pequeña suma, pues se iban a esconder ante el aviso de que “los colombianos se habían enterado del movimiento independentista”#.
Afortunadamente no hubo tanta violencia como les habían comentado, ante el apoyo de los directivos del ferrocarril con quienes eventualmente se conspiró para que el 5 de noviembre nuestros hermanos colonenses aportaran, con su conspiración, a que hoy seamos una nación libre.
Desde mi balcón, siento que hoy a los hombres y mujeres de nuestra querida patria les hace falta ese coraje e hidalguía que reinó sobre ese puñado de hombres firmantes y los otros “conspiradores” que luego integraron la junta provisional de gobierno. Esa valentía que renació durante nuestra lucha contra esa dictadura que rigió en nuestro país por más años de los que nos queremos acordar, principalmente en sus últimos años, cuando dejó de ser un gobierno, de facto o no, para convertirse en una vulgar narcodictadura que tanto daño nos hizo.
Nuestro país ha cambiado muchísimo desde esa época y, si bien es cierto que no podemos medir a todos los más recientes gobernantes con la misma vara, hay algunos de ellos que elevaron a Panamá hasta el sitial de honor en el que nos encontramos. Considero que esa fue la primera parte, pues hubo unas “segundas” en las que quienes lideraron al país solo pensaron en sus bolsillos y los de quienes los rodearon, y no se tomaron el trabajo de pensar que eventualmente se produciría un creciente descontento entre la población.
Estoy seguro de que el próximo año iniciará, aunque extraoficialmente, un nuevo período electoral con nuevos protagonistas que se convertirán en los próximos referentes de la política nacional. Quizás por eso es por lo que se percibe una gran preocupación entre los partidos más grandes (no me gusta hablar de partidos tradicionales), que ven como una afrenta a su conveniencia el nacimiento de nuevos movimientos políticos que, están más que seguros, les robarán adeptos, votantes y las mieles del poder.
Ojalá todos los panameños veamos con buena cara, no la del “qué hay pa’ mí”, estas nuevas formas de hacer política y las apoyemos.
El mes de diciembre es el mes en el que se celebran muchas fiestas, algunas muy singulares de los panameños, como el Día de las Madres, primeras comuniones, así como las tradicionales fiestas de Navidad, Janucá, Día de Bodhi (Buda) y Kwanzaa, solo por destacar algunas.
Es un mes en el que debemos abrir nuestros corazones al prójimo y, emulando esa valentía de quienes forjaron la nación en la cual hoy vivimos, defender lo que tanto nos ha costado y elevar una oración para que el Todopoderoso ilumine y vea con buenos ojos “a quienes amaron tu esplendor un día”.
El autor es dirigente cívico y analista político.


