Millones de cajetillas de tabaco de contrabando en la bodega de un carguero abandonado en una isla. Las cuentas no declaradas en el extranjero de miles de profesionales liberales y empresarios. El depósito del coche lleno de gasóleo industrial, que paga menos tasas. El fakelaki (sobrecito) con que un ciudadano de a pie prevé lograr una atención prioritaria –o simple cuidado, a secas– en el colapsado sistema de salud.
La lista de ejemplos del mal endémico que es la corrupción en Grecia es interminable, y todos los conoce muy bien el fiscal Panayotis Nikoloudis (Mani, 1949), ministro de Estado (sin cartera) para el combate de la corrupción, que, tras un mes en el cargo, ya sabe lo que es “volver a fumar” y, sobre todo, extremar los pies de plomo en este terreno minado. De la excepcionalidad de su tarea da fe el visible aparato de seguridad que protege su despacho provisional, en el centro de Atenas, donde recibe. Otros ministros, empezando por el de Finanzas, Yanis Varoufakis, se mueven sin escolta.
“Ojalá tuviera más tiempo; hasta ahora solo tenemos miles de provisiones, pero no resultados concretos. Pero gracias a mi experiencia como fiscal durante 38 años, los últimos tres como encargado de una unidad independiente contra el blanqueo de dinero, he podido desarrollar métodos y prácticas que ahora me servirán” en el ministerio, aseguraba recientemente durante una entrevista con El País. “Estos últimos años he aprendido más que en todos los anteriores”, continúa quien fuera el número dos del Tribunal Supremo griego. Y todo, con un equipo formado por 30 personas: “Parecen pocas, pero para combatir la corrupción tienes que controlar hasta la última de las personas [del equipo]”.
Nikoloudis, afable, recuerda que la corrupción es un ámbito muy vasto, “de la alta corrupción o los delitos financieros a la corrupción cotidiana del fakelaki o el arreglo informal”. Pero el combate, subraya, ha de comenzar en las alturas: “La raíz de la corrupción está en un núcleo formado por la élite económica, la élite política y los medios de comunicación. Desde mediados de los año 1980, estos tres elementos constituyen un todo, y para desentrañar sus intereses hay que romper el núcleo, una tarea muy difícil”. Tan difícil como desafiar el poder omnímodo de media docena de apellidos (Lazís y Bóbolas al frente) que dominan complejos entramados, de la construcción a la comunicación y las obras públicas. O que pilotan algunas de las privatizaciones ya aprobadas, como la del antiguo aeropuerto de Ellinikó, subastado por un precio muy bajo a un consorcio liderado por Lamda, el emporio de Lazís.
Cálculos de la OCDE estiman que entre el 25% y el 30% de la economía griega es informal, negra, pasto de corrupción y fraude. Nikoloudis asegura contar con el apoyo decidido del primer ministro, Alexis Tsipras, que recurrió a él, un independiente, “con una voluntad política muy clara de reformar a fondo el sistema. Hasta ahora, no sabría decir si no queríamos o no sabíamos hacerlo; somos mediterráneos, laxos...”.
De los 28 mil expedientes que Nikoloudis abrió al frente de la unidad de blanqueo de dinero, se ha sustanciado una pequeña parte, apenas 3 mil 200, relativos a unos cientos de depósitos bancarios en Grecia y en el extranjero, y ya han sido remitidos a la unidad policial de delitos financieros para recuperar los 2 mil 500 millones que adeudan al fisco.