Faltando dos meses para el comienzo de los Juegos Olímpicos, Brasil sigue inamovible. El Gobierno afirma que no hay ninguna razón para posponer o trasladar la sede del evento de Río debido al virus del zika y descarta que la enfermedad, que circula con fuerza por el país desde el año pasado, presente mayores riesgos.
Esta semana, un grupo de más de 170 científicos hizo un llamamiento para postergar o cambiar los Juegos de ubicación. Temen que la concentración de personas de diversas partes del mundo pueda ayudar a propagar el virus por los países donde circulan los mosquitos Aedes aegypti, los principales transmisores del zika y también del dengue y el chikungunya. Algunos atletas también se han manifestado. El jugador de baloncesto español Pau Gasol, en un artículo en El País, expresó su preocupación de que los Juegos se conviertan en una “pesadilla para la salud”.
“El riesgo de que la enfermedad se extienda a otros países en los Juegos Olímpicos es real; pero tenemos que tener en cuenta que el virus ya está muy extendido en América Latina y muchas personas de otras partes hacen viajes frecuentes al Caribe, por ejemplo. No se recomienda aplazar viajes en este momento”, replica el epidemiólogo y consultor de la Sociedad Brasileña de Dengue y Arbovirosis André Ribas Freitas.
Con el respaldo de expertos de Brasil y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Gobierno brasileño busca reducir al mínimo las preocupaciones y asegura que la proliferación del mosquito Aedes aegypti será más baja en el país en agosto.
La cantidad de datos sobre el zika es escasa, ya que no hay pruebas eficientes que puedan usarse como referencia a gran escala para la enfermedad. Por eso, se utiliza el dengue, una enfermedad más antigua, como parámetro para prever la contaminación del nuevo virus. En Brasil, el auge de casos de la enfermedad suele registrarse entre enero y abril. En esos meses de calor y lluvia se producen las condiciones ideales para la reproducción del mosquito, que necesita agua limpia y estancada. Agosto, el mes de los Juegos Olímpicos, es más seco.
“La serie histórica de casos de dengue nos muestra que, en el período en el que se celebrarán los Juegos solemos tener la menor cantidad de casos”, explica Wanderson Oliveira, coordinador general de Vigilancia y Respuesta a las Emergencias en Salud Pública del Gobierno de Brasil. “Todas las acciones acordadas por parte del Gobierno están en marcha y la lucha contra los mosquitos se ha intensificado en todo el país, especialmente en Río y en las áreas olímpicas”, afirma.
En enero de este año, hasta el ejército salió a la calle para ayudar a erradicar el mosquito. Sin embargo, solo en abril de este año Río de Janeiro registró un 115% más de casos de dengue que en el mismo mes del año pasado y un 2.815% más que en abril de 2014. Un total de 7 mil 230 personas enfermaron. Sin embargo, los datos de mayo comienzan a traer alivio: el número registrado muestra una caída a mil 131 casos.
Brasil confirmó la transmisión del virus del zika en abril de 2015, pero solo hacia finales de año se desencadenó una ola de pánico. Ello ocurrió en octubre, cuando comenzaron a aparecer los primeros casos de bebés que nacieron con microcefalia, acompañada por graves malformaciones cerebrales. Siete meses después del inicio de la conmoción nacional debido a las consecuencias de las enfermedades transmitidas por el Aedes aegypti, el zika comienza a mostrar que, a pesar de su gravedad, la situación no es tan alarmante como se había pensado. De los 7 mil 623 casos sospechosos notificados entre octubre de 2015 y mayo de este año, casi un 40% (2 mil 932) fueron descartados, porque la microcefalia había sido mal detectada inicialmente o porque no había indicios de que hubiese sido causada por el zika.