El laboratorio de pequeños dispositivos del Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT) es el único que pide a los pacientes “ensuciarse” las manos, es decir, les pide inventar por su cuenta para resolver los problemas médicos.
“Es inaudito que tengamos poder de decisión sobre cualquier cosa, y sin embargo no tenemos conocimiento ni voto sobre el tipo de equipo que va a funcionar dentro de nuestro cuerpo”, afirma el diseñador principal del laboratorio, el hondureño José Gómez Márquez, miembro del grupo de trabajo de ciencia de la Unión Europea contra la pobreza.
El interés de Gómez Márquez, que asistió a Málaga al congreso de tecnologías emergentes del MIT (Emtech Spain) que se clausuró el viernes, se centra en hacer partícipe del diseño a la persona que usará un determinado aparato médico, o dicho de otro modo, pretende su “empoderamiento” frente al médico, la enfermera y el sistema de salud en general.
A este investigador le interesan casos como el de una niña enferma de 10 años de Colorado, EU, que le envió un e-mail en donde le pide para Navidad una máquina de suero que no duela y poder fabricarla ella misma.
Desde 2008 su laboratorio de pequeños dispositivos está trabajando en una docena de equipos, entre ellos un nebulizador que funciona con una bomba de bicicleta o fuentes solares para esterilizar equipos quirúrgicos en ausencia de electricidad.
Las “autoclaves solares” para la esterilización sin electricidad ya se distribuyen en Nicaragua y Nigeria.
También han desarrollado un botiquín de diseño y de educación de tecnología médica, que permite “modelar” la instrumentación: “en lugar de mejorar el diseño de una jeringa o de una bolsa de suero, tomas lo que ya existe y ensamblas las partes como tú quieres”.
