San Felipe es una península que se interna en el océano Pacífico, a los pies del cerro Ancón de la ciudad de Panamá, que no cuenta con más de 350 metros de ancho por 500 de largo. Desde su fundación en 1673, los residentes de esta parroquia manejaron los destinos del istmo de Panamá por los siguientes cuatro siglos.
La construcción de una muralla que rodeaba la ciudad puso de manifiesto el nuevo interés defensivo de la corona en sus posesiones del Pacífico, que no estuvo presente en la primitiva ciudad. Por el frente marítimo, la muralla tenía un objetivo exclusivamente defensivo, en tanto que por el lado de tierra, mirando a Santa Ana, también cumplió una función social: separar el casco urbano, donde vivían las autoridades españolas y los criollos - “los de adentro”-, de la gente de color que habitaba el arrabal - “los de afuera”-.
Dentro del contrafuerte urbano floreció una sociedad elitista, privilegiada económicamente y racialmente homogénea que cercó su península para establecer espacialmente las diferencias sociales y étnicas. De aquí las denominaciones “los de adentro” y “los de afuera” que indicaban, más que la procedencia espacial, el lugar que cada uno ocupaba en aquella sociedad claramente estratificada, en la cual el color de la piel y los rasgos somáticos determinaban la fortuna de los hombres.
Este patriciado panameño tal y como llegó a comienzos del siglo XX, comenzó a definirse en la segunda mitad del siglo XVIII, en medio de la crisis comercial que desató la eliminación de la carrera de Indias, tanto como al calor de las ideas ilustradas. El colapso de las ferias en 1739, seguido de la sustitución de Panamá por el cabo de Hornos como ruta del tránsito del oro peruano, asestaron un golpe mortal al modelo transitista. El istmo se vio obligado a reconvertir su modelo económico, mientras dependía cada vez más de los situados procedentes del Perú, hasta 1808 cuando se decretó la apertura de los puertos que trajo aparejada una extraordinaria prosperidad.
La misma explica, por una parte, la lealtad incondicional de los criollos a la metrópoli y, por la otra, el hecho de que se sumaran con una década de atraso al movimiento independentista.
La clausura del puerto del Chagres, en 1816, por el intenso contrabando que se realizaba, hizo trastabillar la fidelidad de los criollos hacia la corona y abrió el camino de la emancipación, que culminaría el 28 de noviembre de 1821. De manera que la ruptura del pacto colonial con España obedeció más a razones económicas que ideológicas o políticas.
La independencia de España llegó de la mano de la unión voluntaria a Colombia. Haciendo gala del espíritu pragmático que caracterizaba a los criollos, en un solo documento se resolvieron ambas cuestiones. Un mes después, en diciembre de 1821, los comerciantes panameños le presentaron a Bogotá un Reglamento para el Comercio del Istmo, que recogía el proyecto de país que tenían diseñado. Según el mismo, la ruta de tránsito debía transformarse en un emporio del comercio mundial, gracias a la construcción de una vía interoceánica.
Este proyecto fue reiteradamente frustrado por Colombia, mientras el istmo se mantuvo expuesto a los vaivenes de la política de Bogotá, así como a los períodos alternos de prosperidad y miseria determinados por la llegada y el retiro del capital extranjero. Esta situación llevó a que, desde muy temprano, los notables intentaran imponer el sistema federal de gobierno o separarse de Colombia.
Entre las grandes inversiones extranjeras, vale la pena recordar la construcción del ferrocarril entre 1850 y 1855, cuya bonanza sucumbió en 1869, así como la aventura francesa entre 1880 y 1889. Lo que no varió a lo largo del decimonono fue la fe inquebrantable de los patricios en el libre comercio y en el destino mercantil del istmo, así como su arraigo a San Felipe.
Como los patricios nunca superaron el 20% de la población total de la ciudad, terminaron transformándose en un grupo endogámico. El resultado fue el surgimiento de una “gran familia” con un sentido de clase profundamente arraigado que, además, controlaba los resortes del poder político. Ello le permitió a Omar Jaén Suárez hablar de la “República de los primos”.
FUENTES
Editor: Ricardo López Arias
Autora: Patricia Pizzurno. Profesora de historia. Universidad de Panamá
Fotografías: Carlos Endara. Colección RLA/AVSU
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