Todo el que haya visto la película chilena No, de Pablo Larraín, o tenga al menos una noción de lo que representó aquel plebiscito histórico que marcó el destino de Chile en 1988 asociará estas circunstancias al autor Antonio Skármeta, quien debido a su obra teatral El plebiscito inspiró a Larraín para que escribiera y dirigiera la película nominada al Oscar como Mejor cinta extranjera, siendo la primera cinta de su país en ser nominada a esta categoría.
Skármeta, quien permaneció unos días más en Panamá luego de la clausura del VI Congreso Internacional de la Lengua Española, compartió en la charla “La publicidad, la gota que rebasa el vaso” el pasado jueves un comprimido de la historia de René Saavedra, el creador, junto con otros creativos de la campaña publicitaria del “No”.
La cuña, que contó con la música del famoso vals del Danubio Azul de Strauss, pero adaptada audazmente por Raúl Alarcón, fue una herramienta decisiva para el futuro democrático del país sudamericano e hizo de la palabra ´No´ un lenguaje que se vendiera como un producto comercial que pudiera excitar a los chilenos durante solamente 15 minutos, los permitidos por las Fuerzas Armadas para que la oposición pudiera mercadear y convencer al pueblo de decirle ´No´ al dictador Augusto Pinochet.
UN CUENTACUENTOS
Antonio Skármeta le dio voz a un Saavedra abrumado ante el bloqueo mental: “¿Qué hago con esta mierda de la palabra ´No´?”, al tiempo que concebía el logotipo que identificaría la campaña: un arcoíris. “¡¿Dónde se había visto eso?!”
Es que “ningún color pierde su individualidad y aparece luego de la tempestad”.
Tras 9 minutos de observar algunos cortes de la publicidad que convenció a la ciudadanía el 5 de octubre de 1988, Skármeta concluyó en que “la publicidad del ´No´ fue solo un ´toquecito´, porque el movimiento social alrededor fue más arriesgado y heroico”.

