El día internacional del libro infantil y juvenil se celebra hoy, conmemorando el nacimiento de Hans Christian Andersen, autor de El patito feo y otros 160 cuentos infantiles, leídos en casi todo el mundo.
En este día se subraya que la importancia de la lectura es esencial para el crecimiento integral de niños y niñas. Pero es importante también saber qué están aprendiendo de estas historias. Porque detrás de algunos de los clásicos universales hay un subtexto bastante oscuro y no tan inocente.
Relatos como Caperucita roja fueron prohibidos por su carga erótica ("para comerte mejor") y, como en otros, su argumento original fue modificado y suavizado (www.cervantesvirtual.com).
La mayoría de los textos infantiles presentan enseñanzas y diferencian, de manera clara, el bien del mal, pero, al mismo tiempo, generan estereotipos negativos (la bruja es fea, el príncipe es guapo y rico, la madrastra es malvada); ideas preconcebidas (ser pobre es malo); prejuicios, violencia, venganzas sangrientas y "pajaritos en la cabeza". Y tras los cuentos de hadas y la historia de sus autores (Andersen, los hermanos Grimm, Charles Perrault) hay intenciones más turbias que el simple hecho de hacer felices a los niños.
En Hansel y Gretel los pequeños son abandonados en el bosque porque sus padres no pueden alimentarlos. Esta práctica era común en los tiempos de los Grimm. Y en esos cuentos se estampan temas como el genocidio infantil (El flautista de Hamelin), el asesinato en serie (Barba Azul) o la mutilación de las hermanastras de Cenicienta, que se cortan un dedo y el talón para que les quede la zapatilla de cristal (www.tacom.com.ve).
Andersen fue más íntimo. De su experiencia como rechazado social (www.ricochet-jeunes.org) nació El patito feo; sus ganas de ser bailarín lo inspiraron para La sirenita; el alcoholismo de su padre le dio No sirve para nada; y de su visión melancólica surgieron la infertilidad (Pulgarcita); la indigencia (La vendedora de fósforos), y la ignorancia colectiva (El traje nuevo del emperador).
Aun así, en sus finales (tristes) los protagonistas nunca se quejan, más bien aceptan el destino y no dudan en seguir lo que desean de corazón.
ANTI HADAS
A finales del siglo XX, autores como James Finn Garner aparecen en los estantes con versiones "políticamente correctas" y humorísticas de los clásicos infantiles. En estos relatos no se utiliza la violencia física ni verbal, se llega a acuerdos a través de la comunicación y se respetan las diferencias raciales, sociales y sexuales, medioambientales y multiculturales.
A partir de esta nueva propuesta literaria hay corrientes que exigen una corrección total, en los cuentos clásicos, de los elementos de violencia o sexismo. Pero lo cierto es que para llevar ese razonamiento hasta un resultado concreto, habría que evitar también que los niños lean los diarios y vean las noticias.
El miedo no está en los cuentos, sino en la vida, y al final, lo que los cuentos enseñan es que el miedo y los malvados pueden vencerse.
