10 de julio de 1987. Mujeres con pañuelos blancos se concentran en la vía España frente a la Iglesia del Carmen. Es viernes.
Las damas habían llegado junto a grupo de hombres que portaban banderas blancas. Eran activistas de la Cruzada Civilista, movimiento que desafió al régimen militar dirigido por Manuel Antonio Noriega.
A la concentración se fueron sumando más ciudadanos. En principio, los manifestantes marcharían al centro de la ciudad de Panamá. Pero no ocurrió: los miembros de la unidad militar de antimotines, denominada los Dobermans por su ferocidad, los emboscaron. Luego vinieron los golpes, perdigones, insultos y arrestos. Fue una jornada brutal.
Vehículos en llamas, personas corriendo hacia todas partes, militares repartiendo golpes, una ciudad en caos.
Unas 600 personas resultaron heridas, 150 por perdigones, y al menos 630 personas quedaron detenidas, de acuerdo con el libro Panamá protesta de Brittmarie Janson, destaca el historiador Carlos Guevara Mann.
(Lea: Viernes Negro)
Es día fue el inicio de la caída del régimen de Noriega.





