En Azuero, la crisis del agua potable tiene dos frentes.
Desde hace año y medio, alrededor de 150 mil residentes de Herrera y Los Santos viven bajo la restricción de no consumir agua directamente del grifo.
La escasez, que alteró la rutina de miles de hogares, sigue sin resolverse y ahora enfrenta una nueva amenaza: el terremoto del pasado 9 de octubre golpeó comunidades rurales donde el abastecimiento depende de acueductos administrados por sus propios habitantes.
Varios de estos sistemas resultaron afectados, lo que añade presión sobre comunidades que dependen de ellos para cubrir sus necesidades básicas.
150 mil personas de Herrera y Los Santos llevan casi año y medio bajo la restricción de no consumir agua directamente del grifo.
24 acueductos rurales afectados por el terremoto; 22 ya funcionan y los de Malena y Furniales siguen pendientes.
644 acueductos rurales abastecen a comunidades de Herrera, Los Santos y el sur de Veraguas.
La crisis se agrava: la contaminación de los ríos La Villa y Estibaná precedió al terremoto, que dañó sistemas de abastecimiento rural.
Los daños
Los daños en los acueductos obligaron a desplegar equipos para inspeccionar tuberías, reparar estructuras y restablecer el suministro.
El balance del Ministerio de Salud (Minsa) registra 24 sistemas afectados, de los cuales 22 han vuelto a funcionar. Sin embargo, el acceso a las tomas de agua de Malena y Furniales continúa pendiente debido a los deslizamientos y los daños en el terreno.

Residentes de Malena confirmaron a La Prensa que hasta este momento no han podido habilitar el acueducto de la comunidad en el sur de Veraguas.
Mientras avanzan las reparaciones, algunas zonas dependen de soluciones provisionales para almacenar y tratar el agua. El Minsa entregó tres tanques de 10 mil litros cada uno a las comunidades de Cerrillos de Santa Fe, Quebrada Grande de Río Grande y San José, en el distrito de Soná.

También distribuyó 255 pastillas de cloro en 20 comunidades para reforzar la desinfección del agua destinada al consumo humano. Además, la institución coordina la entrega de tuberías para Tebario Abajo y San José, así como de materiales para continuar los trabajos en Carrizal, Madre Vieja y Farfán.
Houdinis Rodríguez, jefe regional del Departamento de Agua Potable, aseguró que los equipos mantienen presencia en las comunidades para recuperar el suministro. Sin embargo, la rehabilitación de los acueductos no depende únicamente de reparar las tuberías: también requiere llegar a las tomas de agua, algunas de las cuales permanecen inaccesibles por los daños que dejó el sismo.
En las zonas rurales afectadas, restablecer el servicio significa recuperar una condición básica de la vida cotidiana: abrir el grifo y disponer de agua para las necesidades del hogar.
Situación en Herrera
En Herrera, el temblor también dejó daños en los sistemas que abastecen a las comunidades rurales. El Minsa inspecciona los acueductos, toma muestras para evaluar la calidad del agua y distribuye pastillas de cloro. También trabaja en la reparación de casetas colapsadas, tanques de reserva y tuberías de conducción.
Las intervenciones se extienden a comunidades de Los Pozos, Ocú, Las Minas y Pesé, entre ellas Pitaloza Arriba y Pitaloza Abajo, El Cedro, Llano Arriba y Llano Abajo, Quebrada de Agua y El Ciprián.

El personal también verifica los tanques de hospitales y centros de salud y orienta a las juntas administradoras de acueductos rurales sobre las adecuaciones necesarias tras los movimientos sísmicos. En una provincia donde muchas comunidades dependen de estos sistemas, recuperar el suministro también implica garantizar que el agua llegue a las viviendas en condiciones seguras para el consumo humano.
Acueductos rurales
En Panamá hay aproximadamente 5,397 sistemas de acueductos rurales. De ese total, unos 2,830 están administrados por organizaciones comunitarias reconocidas legalmente como juntas administradoras de acueductos rurales (JAAR).
Desde el 5 de diciembre de 2014, cuando se promulgó el Decreto Ejecutivo No. 1839, estas organizaciones cuentan con un marco regulatorio que las define como corresponsables con el Estado de administrar, operar, mantener y ampliar el abastecimiento de agua potable en las zonas rurales. En muchas comunidades, son los propios habitantes quienes sostienen los sistemas que llevan agua hasta sus casas, aunque parte de la fiscalización corresponde al Ministerio de Salud (Minsa).
En Herrera, Los Santos y el sur de Veraguas, esa responsabilidad se extiende a cientos de comunidades expuestas ahora a las consecuencias del terremoto. Herrera cuenta con 267 acueductos rurales; Los Santos, con 226, y el sur de Veraguas —que comprende Mariato, Montijo y Soná—, con 151.

En conjunto, son unos 644 sistemas de abastecimiento cuya importancia cobra otra dimensión tras el terremoto: cualquier daño en tanques, tuberías o tomas de agua puede comprometer el suministro de las poblaciones que dependen de ellos.
Desde mayo de 2025
La primera crisis del agua en Azuero comenzó el 27 de mayo de 2025, cuando la contaminación de los ríos La Villa y Estibaná obligó a suspender la operación de varias plantas potabilizadoras que abastecen a Herrera y Los Santos.
Las autoridades señalaron entre los factores de contaminación los residuos orgánicos de explotaciones porcinas, mientras que otros problemas, como las aguas residuales y los desechos agrícolas, también representan riesgos para las fuentes hídricas.
Aunque las potabilizadoras retomaron sus operaciones, la emergencia persistió y alrededor de 150 mil personas quedaron bajo la restricción de no consumir directamente el agua de la red.
La emergencia sanitaria sigue sin resolverse y ahora coincide con los daños que el terremoto del 9 de octubre provocó en varios acueductos rurales de la región.



