Ángel Bermúdez - BBC News Mundo
En 2024, la republicana María Elvira Salazar fue reelecta a la Cámara de Representantes de Estados Unidos con más de 60% de los votos y con una ventaja de más de 20 puntos sobre su rival demócrata. De cara a las elecciones de mitad de periodo de este 3 de noviembre, sin embargo, Salazar no parece tener las cosas tan fáciles.
Nacida en Miami de padres cubanos, Salazar compite por el distrito 27 de Florida que incluye distintas zonas del condado de Miami-Dade como Coral Gables y la Pequeña Habana que albergan importantes comunidades originarias de países como Cuba, Colombia, Nicaragua o Venezuela.
Su contundente victoria en 2024 fue una de las muestras de cómo, de la mano de Donald Trump, Florida pasó de ser hasta 2016 un estado “púrpura” -en el que alternativamente ganaban demócratas o republicanos- a un estado “rojo” o republicano.
Ese triunfo también fue un indicador de cómo Miami-Dade, que engloba a la gran Miami, que era considerado como sólidamente demócrata [Hillary Clinton ganó allí con una ventaja de 30 puntos en 2016], fue cambiando cada vez más hacia el lado republicano.
Paradójicamente, las opciones de Salazar para ser reelecta en 2026 también parecen relacionarse con la popularidad de Trump, aunque esta vez no sea por su auge, sino por su declive.
A mediados de octubre, el mandatario estadounidense gozaba en EE.UU. de un nivel de aprobación de 31% con un rechazo de 66%, el nivel más bajo de popularidad que ha registrado en sus dos mandatos, según datos de la agencia Reuters.
De la economía a la inmigración

Detrás de esta caída de la popularidad de Trump están las dificultades que enfrenta la economía en Estados Unidos. Es una realidad de la que no escapa el sur de Florida.
“La economía es absolutamente todo. Es el factor más importante. También para los votantes hispanos. El problema es que ya los republicanos no pueden decir que esta es la crisis de Biden. No. Esta es la crisis de Trump: el alto precio de la gasolina y de la vida, en general”, dice a BBC Mundo Eduardo Gamarra, profesor de política y relaciones internacionales en la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés).
Según una encuesta publicada por The New York Times el 21 de agosto, 69% de los estadounidenses reprueban la forma cómo Trump ha manejado el tema del costo de la vida, mientras tres de cada cuatro lo critican por el alto costo de la gasolina.
Después de la economía (84%), los temas que más preocupan a los votantes de cara a estas elecciones son: el futuro de la democracia (73%), la atención de salud (68%), la educación (62%) y la inmigración (59%), de acuerdo con un estudio divulgado a comienzos de octubre por el Centro de Estudios Pew.
Este tema de la inmigración cobra una dimensión especial en el sur de Florida y en especial en Miami-Dade pues 55% de sus residentes son nacidos fuera de EE.UU. y 32% son ciudadanos naturalizados estadounidenses, según datos del propio condado.
Cubanos (45,7%), venezolanos (8,6%), colombianos (7,3%), nicaragüenses (5,2%) y haitianos (4,8%) son las comunidades migrantes más grandes del condado.
Migrantes y deportados

La presencia de migrantes hispanos ha jugado un papel en el giro de Florida de estado púrpura a rojo y podría hacerlo también en un eventual cambio de rumbo en 2026.
“Hasta 2016, los demócratas tenían una gran mayoría entre votantes hispanos. A partir de entonces, empieza esta tendencia tan grande hacia el Partido Republicano, llegando a ser 68% entre cubanos y probablemente más del 55% entre venezolanos”, comenta Gamarra.
En las presidenciales de 2016, los republicanos lograron 33,8% de los votos en Miami-Dade, cifra que subió a 46% en 2020 y a 55,2% en 2024. Una tendencia similar se registró en los otros tres condados del sur de Florida: Broward, Palm Beach y Monroe.
Muchos de esos electores hispanos en Miami-Dade rechazaban la política migratoria del gobierno de Joe Biden, que los republicanos calificaban como de “puertas abiertas”, algo que los demócratas negaban.
Las imágenes de miles de personas caminando a través de Centroamérica en dirección a EE.UU., las concentraciones masivas de migrantes en los puestos fronterizos, así como los numerosos cruces masivos a través del río Bravo contribuyeron a la percepción de que había una política migratoria caótica.
Un índice de encuestas estimado por Real Clear Politics en octubre de 2024 encontró que 65% de los votantes estadounidenses desaprobaban la política migratoria y fronteriza de Biden.
Este rechazo era palpable incluso entre votantes pertenecientes a comunidades migrantes.
“Yo no estaba de acuerdo con el desastre que hizo ese señor [Biden] a nivel migratorio. Porque entró un malandraje (delincuentes) que aquí jamás se había visto”, dice María Alejandra Longobardi, una emprendedora venezolano-estadounidense residente en Miami, en conversación con BBC Mundo.

Longobardi dice haber votado por Trump en 2020 y 2024, principalmente por su oferta en el ámbito de la economía, aunque también respaldaba la idea de que se deportara a los migrantes involucrados en actividades criminales.
“Yo entendí que la limpieza migratoria iba a ser con la gente que estaba afectando la seguridad de los estadounidenses, que iban a sacar a los delincuentes, a la gente del tren de Aragua [banda criminal venezolana] que migró para acá”.
“Pero no a los migrantes que vinimos a trabajar. No pensé que fuera a haber este desastre, deportando a personas inocentes, con el maltrato que le dan a la gente cuando la detienen”, dice Longobardi, quien asegura estar decepcionada por la manera cómo el gobierno ha manejado las deportaciones.
“No estoy de acuerdo con la persecución de gente inocente, con que personas que tienen su proceso migratorio abierto y están trabajando y esforzándose en este país, están ahora encerrados en sus casas porque no pueden salir [por temor a ser deportados]”.
“Tengo muchos amigos venezolanos en situaciones complicadas. De hecho, ya tuve la primera familia amiga que hace dos años se autodeportó cuando empezó a ver el desastre y ahorita se van unos amigos míos que tienen 9 años aquí y se tienen que ir porque detuvieron a la hija y no les quedó mejor alternativa que la autodeportación”, comenta.
El temor

Además de decepcionada, Longobardi dice estar asustada por la forma cómo se ha aplicado la política de deportación, al punto de que ahora siempre carga su pasaporte con ella para poder demostrar, en caso de necesidad, que es estadounidense.
“Uno nunca se imaginó lo violento que iba a ponerse esto. Esa gente [el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), encargados de detener a los migrantes] no preguntan nada, sino que se llevan a la gente”, comenta.
Y Florida ha sido uno de los estados más afectados por las operaciones de ICE.
Un análisis de The New York Times a finales de agosto indicaba que los arrestos de migrantes por parte de ICE habían marcado un récord en julio con un total de 49.000, de los cuales una parte importante se realizaron en Texas y Florida, dos estados con mucha población hispana.
Según el medio estadounidense, desde la primavera ICE arrestó a 380 migrantes diarios en Texas y 230 en Florida.
Esas redadas de ICE han tenido impacto en el sur de Florida, generando temor incluso entre migrantes que tienen su documentación en orden.
En Miami-Dade, ciudades como Doral, con fuerte presencia de venezolanos, hubo una marcada reducción en las actividades durante el verano mientras que los comerciantes reportaban pérdidas debido a la caída de la clientela atemorizada que prefería reducir su exposición en sitios públicos.
Pero el malestar por la actuación de ICE y por la política migratoria de Trump no se limita al sur de la Florida: 65% de los votantes hispanos consideran que el gobierno ha ido demasiado lejos en las operaciones contra la migración ilegal, según el Latino Public Opinion Forum, un estudio anual realizado por FIU.
“Hay un factor que es el factor crueldad, que ha hecho que la tasa de aprobación o de confianza en instituciones como ICE baje estrepitosamente, mientras la preocupación por el tema migratorio ha subido también estrepitosamente”, dice Eduardo Gamarra, quien es fundador y director de ese estudio realizado por FIU.
“Entre hispanos, la crueldad con la que se nos está tratando ha llevado a que más del 60% de los hispanos se sientan discriminados y a que rechacen a ICE y piensen que las políticas migratorias se han excedido”, agrega.
Pero ¿cuánto impacto pueden tener esas políticas migratorias en las opciones electorales de los republicanos en el sur de Florida este martes?
“Una combinación tóxica”

Gamarra señala que la popularidad de Trump y de sus políticas ha caído un poco menos en Florida que en el resto de EE.UU.
Entre votantes latinos, por ejemplo, a nivel nacional 61% considera que el gobierno le ha hecho daño a las familias hispanas; ese porcentaje en Florida se ubica en 57%.
En todo caso, en estas elecciones no parece que algunos candidatos republicanos en Florida vayan a disfrutar de una holgada mayoría similar a la que tuvieron en las elecciones pasadas.
De hecho, los candidatos republicanos en Florida a la gobernación del estado y al Senado de EE.UU., Byron Donalds y Ashley Moody respectivamente, aparecen en un empate técnico con sus rivales demócratas, según datos del Latino Public Opinion Forum presentado el pasado 27 de octubre.
Ese estudio solamente incluye a votantes hispanos, por lo que no puede tomarse como representativo de todo el electorado, pero sí indica un cambio de tendencia.
“En este momento, no es tan fácil decir en Florida con toda certeza que esos candidatos republicanos van a ganar las elecciones, porque están enfrentando una reacción negativa muy grande tanto de hispanos como de no hispanos”, dice Gamarra.
“La combinación del mal desempeño de la economía y la crueldad en lo migratorio es tóxica para cualquier candidato republicano”, agrega.
La campaña de María Elvira Salazar detectó ese efecto negativo de las políticas migratorias, pues en septiembre divulgó un video dirigido a Trump en el que le dice que sus medidas migratorias fueron “demasiado lejos” y que los votantes hispanos que le ayudaron a llegar a la Casa Blanca en 2024 “se sienten traicionados”.
El video causó mucho revuelo tanto por lo inusual que es que un legislador republicano se distancie de una forma tan pública de una de las políticas bandera del gobierno, sino porque además Salazar ha sido una firme defensora de Trump desde su primer mandato.
Votos que pueden ser decisivos
Salazar compite por el circuito 27, que es uno de los tres en el sur de Florida con mayoría de votantes hispanos. Sin embargo, los expertos consideran que los candidatos por los otros dos circuitos (Mario Díaz-Balart y Carlos Giménez, por los circuitos 26 y 28 respectivamente) tienen probabilidades más claras de ganar debido a que sus distritos electorales tienen una clara mayoría republicana.
Sean Foreman, profesor de Ciencia Política de la Barry University en Miami, señala que probablemente Salazar es más vulnerable que los otros dos candidatos republicanos debido a que en su circuito hay una mayor presencia de demócratas e independientes que en los otros dos.
“Ella debe haber leído alguna encuesta que le mostró que esto podía convertirse en un problema. Pero creo que no ha estallado tanto como muchos pensaban porque la economía es realmente lo que más preocupa a la gente”, dice Foreman a BBC Mundo.
“Pienso que ella intentó anticiparse, marcando distancia con las críticas que enfrenta Trump, sabiendo que en su distrito hay muchos votantes hispanos que podrían verse afectados por las duras políticas migratorias”, agrega.
El experto afirma que el tema migratorio ha hecho mucho ruido en las noticias, pero no ve con claridad que tenga un efecto en el voto de la gente.
Señala que también ha sido polémica la política de Trump hacia Venezuela, pues muchos exiliados venezolanos en el sur de Florida vieron con buenos ojos la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, pero no tuvieron la misma reacción cuando Trump dejó a Delcy Rodríguez como presidenta interina y logró con ella acuerdos petroleros.
Pese a todo, Foreman no cree que estos serán temas decisivos pues el asunto preponderante de esta elección es la economía.
Gamarra coindice con esta visión, pero destaca que en elecciones muy competidas esos votos descontentos pueden hacer una diferencia.
Mientras tanto, María Alejandra Longobardi dice encontrarse en una encrucijada de cara a las elecciones de este 3 de noviembre.
“No sé qué hacer porque tengo que votar por el menos malo y eso no me gusta. Pensé que no me iba a pasar nunca aquí en Estados Unidos y, de verdad, que es muy triste”, dice.
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