EL REPRESENTANTE DE RÍO ABAJO SE ENCARGÓ DE LA ACTIVIDAD.

‘Se me olvidó el sancochódromo’

Rachira Phillis, vendedora.  Rachira Phillis, vendedora.
Rachira Phillis, vendedora.

La fuerte promoción que la Junta de Carnaval capitalina le hizo al sancochódromo de la Transístmica, previo a los días de la fiesta del dios Momo, dio resultado. La gente buscaba como oro en polvo su plato de sancocho después de participar de la mojadera dentro del culecódromo.

El problema era que solo unos cuantos podían llegar a satisfacer sus deseos de disfrutar de un caldito caliente; los demás, se quedaban con las ganas. Esto se debió a que solo funcionaban cinco puestos de los 10 que se habilitaron para poder cubrir las necesidades de todos los culequeros.

En este sentido, el representante de Río Abajo, Javier Ortega, designado por la Junta de Carnaval para que repartiera los puestos de ventas entre la gente de los corregimientos más necesitados del país, confesó que "entre tantos preparativos para el Carnaval, se me olvidó el tema del sancochódromo".

Asegura que cuando se percató, ya estaban encima los carnavales. "Yo conseguí en mi corregimiento a tres personas que querían y estaban dispuestas trabajar en el sancochódromo y el representante de Curundú, Senen Mosquera consiguió a dos más".

Según Ortega, los puestos en un principio se iban a alquilar a los interesados, pero a última hora se decidió concederlos gratis al considerar que la gente que aceptó no estaba preparada para asumir el costo del puesto y simultáneamente de los víveres que necesitaría para poner su venta de comida. "El otro año, si aún se mantiene la idea del sancochódromo, sí se alquilarían los cubículos".

Ortega expresa estar consciente de que el descuido no solo impidió que otras personas humildes pudieran ganar algo de dinero para esta época de derroche, sino que también fue la razón principal por la que el sancochódromo no se dio abasto durante los cuatro días de rumba.

ALGUNOS GANARON

Ortega comenta que fue la Coca-Cola la que habilitó y decoró el área de venta de comida, la cual –afirma– el otro año estará funcionando a un 100%.

Una de las vendedoras del caldo correteado Rachira Phillis asegura que "no hay mal que por bien no venga". Como había pocos vendedores, ella podría ganar entre 300 y 400 dólares al día vendiendo sancocho y otros platos más.

Por otra parte, indica que diariamente cada uno de los cinco que trabajaba en el lugar hacía hasta tres ollas medianas de caldo, las cuales no lograban abastecer a la cantidad de gente que se abocó a la vía Transístmica.

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