Bajo el inclemente sol o la lluvia, no importa; pero siempre inspirados en el grito de guerra “¿Quién nos enseñó a pelear?, Victoriano y Urracá”, unos 15 mil indígenas de la comarca Ngäbe Buglé y campesinos del oriente chiricano se movilizaron desde poblados distantes, muchos de ellos a seis días de camino, para participar en las protestas con las que finalmente lograron la derogación de la Ley 8 de 2011, que reformó el Código de Recursos Minerales.

Familias enteras de estos indígenas descendientes del cacique Urracá, que enfrentó sin temor a los colonizadores españoles, dejaron sus ranchos solos y se refugiaron en campamentos improvisados en las riberas del río San Félix, pueblo del mismo nombre que les sirvió como bastión para la lucha.

El triunfo ngäbe buglé
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El triunfo ngäbe buglé

Desde ese sitio, con sus dirigentes al frente, el grupo acampado reiniciaba la marcha cada día hacia la vía Interamericana, donde por cinco días paralizaron el país y lo dividieron en dos.

Hombres, mujeres, niños y viejos, con los rostros pintados con signos de guerra, soportaron las inclemencias del tiempo, las protestas de los viajeros que se quedaron atrapados en el tranque y la dejadez del gobierno por sus reclamos.

Solo se alimentaban con grandes cantidades de café sin azúcar y porciones de arroz, lo cual no impedía que bailaran, cantaran y protestaran de noche y de día.

Sus convicciones de no ceder las tierras de la comarca para la explotación minera fueron la clave de su triunfo.