El populismo de Arnulfo Arias (1940-1951)

Las reformas realizadas por el presidente Arias (1941) causaron tensiones que aumentaron por otras medidas que adoptó en su política exterior que colisionaba con los intereses militares de Estados Unidos.

La admiración a los gobiernos autoritarios de Alemania e Italia despertó grave preocupación en Washington. Lo que, finalmente, causó una ruptura y selló el destino de su administración fue el rechazo de la petición de EUA de fortificar las naves que exhibían la bandera de conveniencia de Panamá, la mayoría de las cuales pertenecían a compañías norteamericanas.

El 9 de octubre de 1942, Arias viajó en secreto a Cuba, sin autorización de la Asamblea. Los norteamericanos informaron enseguida al ministro de Gobierno y Justicia. El hecho violaba la Constitución y precipitó la destitución del presidente. Ricardo A. De la Guardia asumió, entonces, la presidencia. Poco después, su gobierno ofreció cooperación irrestricta a Estados Unidos. Tan solo en un año de gobierno, el carácter autoritario y la naturaleza impulsiva de Arnulfo habían llegado al punto de provocar críticas de su hermano Harmodio en El Panamá América.

La breve y tumultuosa administración de Arias en 1940-42 puede considerarse proto populista. Su estilo, ambiciones políticas, sus llamados nacionalistas y su desafío a Estados Unidos recuerdan a otros populistas latinoamericanos como Arturo Alessandri e Hipólito Yrigoyen. Sin embargo, Arnulfo fracasó en construir una coalición que sostuviera su gobierno. Alineó grupos sin justificación y actuó arrogantemente frente a élites e instituciones. No obstante, en su segundo mandato corrigió errores y emergió como gobernante plenamente populista. Había permanecido varios años en Argentina, donde pudo observar el ascenso de Juan Domingo Perón. A su retorno (1945), se repartían tarjetas que proclamaban “viene el hombre”. Lanzó su candidatura a la presidencia en 1948. El proceso electoral se caracterizó por la violencia y el fraude para imponer a Domingo Díaz Arosemena. Poco después, en 1949, se produjo una crisis al morir el presidente Díaz. La intervención del coronel Remón resolvió el trance al inducir a la Junta de Escrutinios a realizar un “recuento” de los votos que dio por resultado el triunfo de Arias por margen de 2 mil 544 votos.

Lejos del poder, Arnulfo se comportaba como un estadista consumado que examinaba, racionalmente, los problemas y ofrecía soluciones concretas. Sin embargo, cuando ocupaba la presidencia parecía sufrir una transformación total. Formulaba declaraciones tan extravagantes que hicieron dudar de su salud mental. Asumió una mentalidad de “nosotros y los otros”: ordenó el cierre de periódicos, despidió funcionarios desafectos, revocó derechos constitucionales, encarceló a sus críticos y recurrió a tácticas violentas empleando organizaciones paramilitares, todo lo cual le hizo enfrentar opositores decididos y críticas persistentes.

Los liberales en la Asamblea, los grupos de la izquierda y los estudiantes le acusaban de dictador. Arnulfo respondió lanzando su policía secreta personal contra grupos de oposición que consideraba de inspiración comunista. Simultáneamente, la prensa publicaba evidencia de que Arnulfo estaba involucrado en negocios oscuros, apropiación indebida y la extracción del 5% de los salarios de los empleados del Gobierno.

El 7 de mayo de 1951, Arias abolió la Constitución de 1946 y la reemplazó con la de 1941; disolvió la Asamblea y suspendió a los magistrados de la Corte Suprema. El país se sumió en el caos. La Asamblea lo juzgó, destituyó y condenó por extralimitación de funciones. Permaneció en prisión casi 10 meses.

Arnulfo Arias disfrutaba del apoyo de las masas que respondían a sus discursos y políticas exaltadas. Sin embargo, su carácter impetuoso y la incapacidad de compromiso le ocasionaron problemas constantemente y las élites simplemente decidieron romper lazos con su perturbadora administración. Recordaba el populismo de Velasco Ibarra.

Durante décadas, luchó para remediar las penurias de la población. Promovió el nacionalismo, expandió la economía, impulsó la legislación sobre el seguro social, el voto restringido de la mujer y encauzó la vinculación de la identidad con el arte, costumbres y cultura populares. Aunque le disgustaba el compromiso, aprendió de los errores de su primera presidencia y se esforzó en concertar alianzas.

Siempre disfrutó del acercamiento al “pueblo”, pero no consiguió cristalizar el éxito electoral en poder político duradero. Sus tácticas imprudentes y la trasgresión de los convenios políticos provocaron conflictos que le impidieron completar un solo período presidencial. Al final, la eficacia de Arnulfo como populista quedó menguada simplemente por su incapacidad de sostenerse en el poder.

FUENTES

Editor: Ricardo López Arias

Textos: W. F. Robinson. Profesor de historia. Universidad de Vanderbilt

Fotografías: Colección RLA/AVSU

Comentarios: vivir+@prensa.com

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