Aunque en la década de 1950 se inicia el deseo de preservar el pasado cinematográfico colombiano, no es hasta los años 1980 cuando el proceso comienza a ser más sistemático, informa Carlos Bedoya, miembro de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.
La meta es tratar de pasar a formato digital los cortos, medio y largometrajes nacionales que fueron grabados originalmente en nitrato de celulosa, VHS y beta, ya sean proyectos sonoros o mudos, en blanco y negro o en colores, y tanto los documentales como los productos de ficción.
En la fundación donde labora hay más de 127 mil registros de la historia colombiana a través de imágenes, aunque admite que es poco lo que se ha podido avanzar, porque el proceso de mejorar la calidad, el color y el sonido de una película conlleva una dinámica lenta.
Uno de los factores primordiales es en qué condiciones reciben el material, pues entre más deteriorado, la operación de salvamento es más complicada, anota.
Revela que pueden tardar entre un año y hasta dos en la investigación y rescate de un solo corto o mediometraje.
Aplaude que ahora por ley todo productor y director colombiano debe entregar una copia de su película a la fundación para que repose en sus archivos.
CASOS
La meta, dice Bedoya, es traer a las pantallas chicas y grandes aquellos materiales que los definen como nación, para que los espectadores de mayor edad recobren la memoria perdida y la audiencia más joven aprendan del pasado.
Pone como ejemplo que en 2007 regresó a las salas La huerta casera (1947), cortometraje colombiano con la producción ejecutiva de Marco Tulio Lizarazo.
O que en 2009 se proyectó en circuito comercial la versión restaurada del cortometraje Rapsodia en Bogotá, dirigido en 1963 por José María Arzuaga.
Otro radio de acción de la fundación es incentivar que en cada ciudad y pueblo colombiano donde hay material fílmico que lo manden a donde ellos para ser estudiado, catalogado y conservado de forma ordenada, así como también incentivar que los teatros dedicados a cine en Colombia no terminen siendo espacios para otras actividades alejadas del entretenimiento.
