DANIEL RODRíGUEZ SOLANILLA

El cholito que dejó La Pintada para ser periodista

Esta semana recibimos la noticia del fallecimiento del periodista Daniel Rodríguez Solanilla. A Daniel lo conocimos en La Prensa a inicios de la década de 1980.

Trabajaba como recepcionista, y llegó al diario de la mano de Rubén Darío Carles. Vino con las ganas de ser periodista.

Dejó los olores del campo familiar y bello de La Pintada, provincia de Coclé, y se enfrentó a un ambiente citadino hostil, al que no estaba acostumbrado.

Atrás había quedado el ambiente familiar y solidario de la gente del campo.

Luego pasó a trabajar en la redacción de La Prensa, bajo la tutela de Migdalia Fuentes y Alfredo Wilfi Jiménez, todo esto bajo el escrutinio permanente y de docencia de don Humberto Calamari.

Allí hizo varios puestos, y en todos trató siempre de hacer su mejor trabajo.

Lo recuerdo en nuestras luchas. Daniel, al igual que muchos, no tuvimos esa exposición mediática de los políticos, y que también en su momento tuvo la Cruzada Civilista.

Daniel RodríguezNos acompañó en la calles, todos los días posibles, para pelear por la democracia y la libertad de expresión.

Estas luchas fueron derivadas de nuestras protestas por la apertura de nuestra fuente de trabajo.

Nuestra fuente de trabajo había sido cerrada por la dictadura militar en contubernio con sus lambones y testaferros.

Curiosamente, el testaferro gobernador que dio la orden de cierre de nuestra fuente de trabajo es periodista. Al final del camino, nadie se hizo responsable del cierre de medios.

En democracia los reclamos tuvieron un camino tortuoso desde su génesis en la exprocuraduría de José Antonio Sossa hasta la estocada final con el exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia Alberto Cigarruista.

En todas y cada una de esas luchas y reclamos estuvo Daniel. No le tenía miedo a nada. Lo vi gritarles en la cara a los Doberman durante una protesta frente a La Prensa en uno de esos días en que nos tenían vetado el derecho a informar. ¡Que abran La Prensa... que abran La Prensa!, gritaba voz en cuello. Allí fue donde le puse el apodo de El cholito peleonero.

Por circunstancias de la vida le tocó alzar el vuelo de este medio hacia nuevos horizontes. Después de esto, las pocas veces que hablé con él luego y las veces que tenía noticias de él por nuestros amigos en común, nunca faltó un saludo y abrazo para todos sus colegas y amigos.

Así era este hombre que dejó el aroma de la leña y su entorno familiar sin tranques, por querer tener una profesión.

Eso sí. Nadie le quita lo gozado. Fiestero como él solo. Los Carnavalitos de La Pintada y sus amigos son testigos de que todas las veces que pudo gozó su vida hasta el último minuto. Esta semana partió hacia su última asignación. Esta vez fue hacia el infinito. Solo se espera que El cholito peleonero escriba en el periódico de la eternidad.

(El autor es gerente de Operaciones de ‘La Prensa’).

El cholito  que  dejó  La Pintada   para   ser   periodista
El cholito que dejó La Pintada para ser periodista

 

 

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