Cada mes de junio desde hace unos 600 años, mil campesinos del sur de Perú se reúnen durante tres días para trabajar en la renovación del puente colgante Qeswachaka, declarado patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco.
El puente Qeswachaka sobre el río Apurímac, en la región de Cuzco, está tejido con fibras vegetales, según la tradición inca, y es el único de este tipo en el mundo.
La directora de Patrimonio Inmaterial del Ministerio de Cultura, Soledad Mujica, dijo que hasta inicios del siglo XX muchos puentes similares al Qeswachaka seguían en uso, pero después se dejaron de renovar por la construcción de otros con materiales actuales.
“No hubiéramos podido tener la red de caminos incas [Qhapaqüan] que hemos tenido ni la articulación social, cultural y económica que tuvo el incanato si no hubiéramos tenido una red de caminos como de los que tenemos vestigios”, manifestó.
Para los campesinos de las cuatro comunidades que trabajan en el puente, el Qeswachaka tiene un carácter sagrado, por lo que le piden permiso a los apus (divinidades) y a la pachamama (madre tierra) mediante una ceremonia ritual, donde un sacerdote andino reza en quechua y ofrece hojas de coca, un feto de llama, azúcar, vino, entre otros.
