Vista panorámica del estadio Maracaná
La inseguridad del estadio Maracaná de El Chorrillo estuvo en tela de duda desde su inauguración el pasado abril con un encuentro entre exjugadores locales y de la Selección de fútbol de Brasil como Bebeto, Dunga, Rivaldo y Careca.
Fue una inversión de casi 8 millones de dólares para un estadio de 5 mil 500 aficionados, con vestuarios de primer mundo, con cancha de grama sintética, con gradas techadas y un sistema de iluminación especial para la transmisión de partidos en vivo, pero con una gran deficiencia, su seguridad.
Desde su apertura se cuestionó que la grama sintética de la cancha estaba muy cerca de los aficionados, algunos intrépidos dijeron que los panameños nos teníamos que comportar como en un estadio de primer mundo, donde puedes oler a los futbolistas y no pasa nada.
El nuevo estadio, que favorecería a la población deportiva de El Chorrillo, Santa Ana y San Felipe traía amarrada las mejores intenciones para cambiar las costumbres de los aficionados panameños amantes del buen fútbol y que solo meses atrás teníamos un campo de juego polvoriento, lleno de piedras y con gradas de metal oxidado.
Pero esto no ocurrió y desde la pomposa inauguración del majestuoso estadio dio el primer aviso de lo fácil que sería evadir la seguridad para entrar a la cancha; ni hablar de lo directo que llegan los objetos que se lanzan desde la graderías y es que a sus diseñadores se les olvidó que a los panameños nos cuesta comportarnos. Es urgente que así como pasa en los mejores escenarios del mundo el Maracaná de Panamá tenga sus regulaciones.
El Maracaná necesita con urgencia que las autoridades de la Liga Panameña de Fútbol y de la Federación tomen cartas en esta peligrosa situación, que el sábado pasado explotó. Fanáticos en la cancha es un riesgo y una alerta roja que necesita correctivos. ¡Tremenda advertencia!
No es prudente que podamos ingresar a la cancha de un brinco, que los aficionados compartan con los ganadores, y que consuelen a los perdedores. Los árbitros y la seguridad no pueden hacer nada, tendríamos que tener un guardia o un árbitro por cada aficionado y eso nunca sucederá.
Hernán Darío Gómez, técnico de Panamá estuvo en el partido de semifinales entre Chorrillo y San Francisco donde ocurrieron los últimos incidentes en este estadio, considerado un bomba de tiempo cuando está lleno a capacidad. Nadie está seguro ni dentro ni fuera de la cancha.
Bolillo se lamentó. “eso no puede llegar a Panamá porque nos van a dañar los estadios, la paz, la tranquilidad, los panameños son gente muy pacífica, tranquila, disfruta de su país, entonces esos espectáculos van a alejar a las familias que asisten a los partidos”.
El técnico consideró que esto que pasó “hay que cortarlo, para que no vuelva a suceder”. Me imagino que también se refería a las declaraciones que hizo un jugador sobre amenazas; sin justificarlas son parte de la guerra sicológica que se vive antes de un compromiso de cualquier deporte. Hay que vivir con eso.
La realidad del Maracaná debe ser debatida y analizada. No puede ser tomada a la ligera, una desgracia está a la vuelta de la esquina, está cantada como dicen los aficionados cuando cae un gol y los responsables serán los federados que hasta la fecha no se han pronunciado.
