Lo del viernes en el Rommel Fernández fue un empate de lujo. Si bien es cierto todavía no le ganamos a México en las eliminatorias mundialista, los panameños demostraron que han mejorado.
Como en todo partido hay errores y Panamá no escapó a ello. Digno de mencionar como jugador de la jornada a Marcos Sánchez.
Sánchez puso a suspirar a todo el Rommel Fernández cuando al minuto 49 sacó un tiro de esquina (una jugada de laboratorio) al área chica y Blas Pérez entró como un fantasma y la golpeó con fuerza, pero a las manos del portero José Corona. Luego se quedó parado viendo pasar un balón que pudo ser para más,
Ahora los panameños marchan cuartos en la tabla general, que encabezan los estadounidenses, costarricenses y mexicanos. Los panameños se hicieron sentir anoche en la cancha, pese a que los primeros 45 minutos no fueron de los mejores, tal vez por el respeto que los mexicanos le tenían a los panameños.
El primer tiempo fue aburrido; quedó en deuda por la expectativa que había sobre este compromiso. La casa, el Rommel Fernández, estuvo repleta e incluso hubo récord de taquilla (705 mil dólares).
Ambos equipos mostraron respeto, no hubo excesos de jugadas creativas, solo a Gio Dos Santos, que hacía sus escapadas esporádicamente por la banda derecha robándole las espaldas a Carlos Rodríguez.
La posesión de la bola estuvo pareja en estos primeros 45 minutos, en que destacó el remate fallido de Chicharito casi con el pitazo de Walter Quezada de Costa Rica.
En México los medios deportivos castigaron a su selección. Empatitis titularon algunos y vieron como una enfermedad los empates de su equipo que sigue con un triunfo y con cuatro empates.
Me gustó la descripción de Excelsior que comentó que México "sobrevivió a la aduana panameña que a la larga no fue tan complicada como se esperaba. En la semana crucial de la eliminatoria rescató un resultado potable para continuar puntuando en el hexagonal y quedar en la parte alta".
Ahora no toca jugar con Estados Unidos el martes y esa es otra historia.
