Rivera, lesión y retiro

En Panamá siento que Mariano Rivera tiene voces a favor y en contra. Pero tras su lesión del pasado jueves en la tarde, donde tuvo una ruptura del ligamento cruzado de la rodilla derecha que lo pone al borde de un retiro obligado, hay un denominador común en Panamá: todos queremos verlo lanzar otra vez, aunque sea para despedirse.

El cerrador, de 42 años de edad, ya había anunciado que a final de esta temporada podría irse del béisbol rentado de Estados Unidos, dejando atrás una carrera brillante de 18 temporadas en las Grandes Ligas, donde jugó toda su vida con los Yankees de Nueva York y se convirtió en el cerrador con más juegos salvados (608).

La carrera de Apaga y Vámonos, del Sandman, del Mo y del hijo de Puerto Caimito está llena de éxitos y marcas. No cabe dudas de que es el mejor jugador de pelota que ha nacido en Panamá y que esta campaña la tomaría como un termómetro para saber si debía o no colgar su manilla en el Bronx.

Con su retiro en mente, Rivera estuvo hace poco de visita en Panamá acompañado del personal de las Grandes Ligas, tal vez preparando un especial para la televisión. Compartió con los niños, se hicieron tomas enseñádoles a jugar y dio charlas de motivación.

Parecía que el Mo, ese hombre que ha ganado a lo largo de su carrera una fortuna de $144 millones 441 mil 825, estaba armando meticulosamente su adiós del beisbol en 2012, el mismo año en que pretendía jugar para la selección de Panamá.

El ganador de cinco anillos de Serie Mundial estaba moviendo las piezas lentamente para que al final todo terminara perfecto, él entrando al campo de juego, con música de fondo, con su figura imponente de 6.2 pies y esperando con su temible 'cutter' sacar los tres 'outs' del noveno; para luego ser levantado en hombros y paseado por el Yankee Stadium y dos días despues viajaría a Panamá para recibir todos los honores que merece.

Pero su destino le jugó una mala pasada y ahora es probable que guardemos la imagen de verlo tirado en un jardín de un campo de béisbol lamentándose por el dolor de una lesión, una dura realidad para quien es considerado ejemplo de atleta dentro y fuera del terreno de juego y quien preparaba un retiro honroso.

Mientras Rivera se recupera, los Yankees le dieron a Dave Robertson y a Rafael Soriano la responsabilidad de no permitir carreras en las últimas entradas para preservar el triunfo, una estadística que domina Nueva York desde 1977, dos años después de que llegó el lanzador panameño.

El panameño como gran guerrero ya dijo que volverá en 2013, aunque su lesión tenga una recuperación de seis meses. En este tiempo puede que se acostumbre a pasar más tiempo con su familia, a dedicarle tiempo a su religión, a estar relajado y ver jugar a los Yankees por televisión. Temo por eso, que esa buena vida lo pueda alejar del montículo y no pueda despedirse como él merece.


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