He visto muchas caídas de grandes equipos que invirtieron, buscaron a los mejores y el proyecto simplemente no prosperó. Ocurre en las Grandes Ligas y también en Panamá, así es el béisbol, un deporte de caballeros con sus errores y virtudes.
Lo ocurrido la semana pasada en la tropa santeña, tras su eliminación del torneo nacional mayor, dio pena. Peloteros insultándose públicamente, un director que se va y regresa y una dirigencia que no tomó los correctivos por falta de tiempo.
La purga debe ser grande y los mismos aficionados santeños deben exigirla.
Estamos de acuerdo que se busquen culpables y que se reflexione; sin embargo dentro del mismo equipo estoy seguro que no los encontrarán. Fíjense en su dirigencia, he dicho que los legisladores o diputados acabaron con la pureza del béisbol, son importantes para aportar y nada más, pues no tienen el tiempo para dedicarle a este deporte, aunque sí las ganas.
Mucha plata dañó el béisbol y creo que eso fue lo que le ocurrió a Los Santos la temporada pasada y ésta, pues quisieron armar un equipo de ensueño a punta de billete y al final no resultó. Además trajo la envidia y la pregunta de siempre ¿por qué el gana más que yo, si yo hago más que él?.
El dinero no gana título, eso lo tiene claro los Yankees de Nueva York que año tras año invierte en planillas millonarias para triunfar y a veces se les da y otras muchas no.
Pero la pena mayor de la tropa santeña este año han sido las declaraciones, para no mencionar a nadie, de algunos de sus peloteros acusándose mutuamente de la debacle del team. Nadie que juega le paguen mucho o poquito lo hace para perder, al menos en el béisbol panameño hasta este momento.
Y lo más triste es que ningún dirigente santeño se atrevió a sacar el rejo y acabar con la discusión. Ellos tienen las ganas, pero no el tiempo para estar detrás de cada pelotero. Mejor, insisto apoyen y ya, para que lo ocurrido en Los Santos no se haga costumbre.
La directiva debe llamar a una reunión urgente para pagarle a los peloteros y sobretodo explicarles que los trapos sucios se lavan en casa. Lo que se dice en los vestidores se queda en ese lugar. ¡Nadie debe violar ese principio básico!, el que lo hace no debe regresar al equipo.
En esto momento las aguas pareciera que han tomado su nivel. Es el momento de reflexión de esta liga y de otras que pudieran verse reflejadas en estos actos de indisciplina, que lo único que dejan es el desprestigió de un equipo, por lo que es sano que los infractores no queden impunes.
Daba vergüenza ajena leerlos y escucharlos, sin que ningún dirigente les pusiera un alto. ¡Qué barbaridad! como dicen. Ahora les toca recoger los platos rotos y no seguir llorando sobre la leche derramada. No es el último torneo de béisbol y por suerte este deporte da revancha todos los años.
