Ventajas tiene la opción oficialista para las elecciones generales de 2014: alta popularidad y a Joao Santana.
La primera es sistemática y está relacionada con el volumen de obras inauguradas y otras en construcción por iniciativa del Gobierno. Muchas de ellas bajo denuncias de sobrecostos, coimas y demás yerbas nada aromáticas.
Las denuncias y todas las triquiñuelas de la corrupción tienen tal lastre que en la conciencia de muchos electores se ha interiorizado la certeza de la impunidad, de que nada pasará, y que es preferible que algo suceda en materia de obras no importa las secuelas del coimerío. Roba, pero haz, ya fue el lema público, con carteles y todo, de algún político, y le dio resultados.
Sobre Joao Santana, qué tal si te digo que resbaló en el terreno fangoso del imaginario local al clonar ciegos de sus campañas de otros pagos. Es una anécdota risible de su historial de polimercadólogo por naciones latinoamericanas y africanas.
El tripartidismo se acomoda en Panamá. Se cree que, a medida que avance este huracán político electoral, serán dos corrientes marinas aquellas que se aproximarán al puerto del triunfo, no obstante una certeza existe y es que Martinelli/CD consolida el tripartidismo, y esa oferta se incrusta revitalizada entre el PRD y el PaPa.
Esa tensión la remecen dos factores: la posibilidad real de que la oferta oficialista repita en el poder, con todo su caudal autoritario y prácticas heterodoxas de interpretar las leyes, y el incremento de la práctica clientelista, en medio de una sociedad aturdida por los cambios generales y poco dúctil en la reinvención de comportamientos y conductas que contribuyan al bien común. Caín es dueño y señor de la conciencia de buena parte de la gente.
Ante la falta de controles, a pesar de propuestas de establecer topes para la financiación de las campañas, están próximos los peligros de que dineros calientes y sucios estén al día para pagar los altos costos de las puestas en escena de los candidatos a puestos de elección, que suma amenazas a las dificultades presentes.
Es una campaña en la que la propuesta pierde espacio. Y la compraventa toma ese espacio.
Cuánto me das, cuánto recibo. Es el fin de la ideología. O la ideología del clientelismo. Es el país al que hemos llegado en el decenio segundo del siglo XXI.
Es el escenario presente: la falta de ideas, que es suplida por el dinero.
