El sol brilla y el lago Alajuela es como un espejo distorsionado por las ondas que provoca el viento y el avance de la embarcación que dirige Molinar Toribio, quien consulta de vez en cuando con Christian Strassnig sobre el próximo destino.
“A la isla donde están las piedras del Camino Real”, contesta el austriaco de sonrisa fácil y tono amable, con sus ojos claros y grandes escondidos detrás de unos lentes de sol.
Strassnig llegó a Panamá por primera vez en 1999 para hacer una práctica profesional en las Aldeas Infantiles S.O.S., y desde 2007 se dedica al turismo cultural e histórico, apoyando a la comunidad de Quebrada Ancha de Chilibre.
Junto a Toribio y cuatro personas más, Strassnig recorrió 300 kilómetros entre 2008 y 2010 para identificar el Camino Real, como parte de un proyecto apoyado por la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt) y con la participación de arqueólogos del Instituto Nacional de Cultura (Inac). Les tomó 35 días descubrir la ruta comercial más importante usada por los españoles en los años de 1519 a 1595. Por ella se transportaba el oro de América en los tiempos de la colonia, ahora transita algo más valioso para los moradores de Quebrada Ancha de Chilibre: la esperanza.
VALOR SOBRE PIEDRAS
La comunidad de Quebrada Ancha en Chilibre (provincia de Panamá) y el Camino Real pertenecen al Parque Nacional Chagres, el segundo destino turístico más visitado de Panamá después del Canal, según Rosa María Guerra, directora ejecutiva del parque.
En total son 100 mil turistas al año los que entran al parque por el puerto Corotú y el Nuevo Vigía, desde donde una embarcación atraviesa el lago Alajuela para llegar a las tierras en donde está trazado el empedrado.
Redescubrir el camino de piedras les hizo ver una oportunidad a los pobladores de Quebrada Ancha, una comunidad asentada desde la década de 1960 en las riveras del mismo nombre, según Guerra.
“Camino Real nos puede servir para atraer visitantes, para cambiar nuestro estilo de vida, cambiar nuestras actitudes, cuidar el medio ambiente, cuidar el lago que es la vida de todos nosotros y de la ciudad de Panamá, para el Canal de Panamá”, plantea Ismael Muñoz, miembro del comité de turismo de Quebrada Ancha.
El camino colonial fue el punto de partida. Cuatro años después los moradores motivados por Strassnig, y apoyados por el párroco de la comunidad, formaron un conjunto típico dirigido por Isabel Montoro, para darle forma al proyecto.
OPORTUNIDADES
Siete niños vestidos de montuno y siete niñas con “la flor del guayacán” (pollera amarilla), dan la bienvenida a la comunidad con una calle de honor.
Los pobladores, sonrientes y atentos, ofrecen agua de pipa, sancocho y limonada a los visitantes.
Después del almuerzo, los niños bailan “El tamborito” y el “Viva Panamá”, presentan una obra teatral ecológica, y continúan con la danza “La denesa” y “La espina”.
“Se están empoderando de su patrimonio”, comenta Strassnig, quien dirige Cultour, que junto a Fundación Chagres impulsan el lugar como un sitio turístico y fortalecen el desarrollo sostenible.
“Comenzamos con un diagnóstico socioambiental para conocer la situación porque se consideraba una comunidad crítica, por el impacto que se generaba al parque Chagres por la deforestación para incursionar en las actividades agrícolas”, explica Guerra.
Fue entonces que la comunidad identificó el turismo sostenible como una actividad que podían realizar.
Primero se hizo un estudio financiado por el Fondo para la Conservación del Parque Nacional Chagres y luego comenzaron a buscar los fondos para ejecutar proyectos, cuenta Guerra.
Ahora la comunidad lo tiene claro: “Turismo rural es saber cómo aprovechar la naturaleza sin perjudicarla, sabemos que estamos en un parque y que lo tenemos que conservar”, explica Agustín Núñez, secretario del Comité de Turismo.
Y aunque los miembros de la comunidad son conscientes de lo mucho que les queda por hacer, ven en esta actividad su futuro.
Por eso, no desaprovecharon la invitación que les llegó a través de la Fundación Chagres para participar de un congreso sobre turismo rural en Costa Rica.
“En Costa Rica hay comunidades que comenzaron con nada, como nosotros”, dice Muñoz, quien asistió al encuentro.
“La experiencia de ellos, que yo tomé personalmente, es que nosotros tenemos que aprovechar al máximo la naturaleza”, concluyó.
El proyecto que trabaja ahora la Fundación Chagres es la construcción de facilidades tradicionales para la atención al visitante, un bohío cultural, cocina, comedor, La Ruta de la Miel y señalización del Camino Real. Se espera que los bohíos estén listos para diciembre.
TURISMO SOSTENIBLE
En la Carta del Turismo Sostenible de la Conferencia Mundial de Turismo Sostenible, celebrada en Lanzarote (España, 1995), los participantes apelaron a la comunidad internacional y los Gobiernos a adoptar medidas para el desarrollo del turismo sostenible.
“Deberá fundamentarse sobre criterios de sostenibilidad, es decir, ha de ser soportable ecológicamente a largo plazo, viable económicamente y equitativo desde una perspectiva ética y social para las comunidades locales”, reza el documento.
Esto implica que se respete el patrimonio cultural y natural del lugar.
Ejemplos de lugares que cumplan con estos requisitos son destinos como Machu Pichu, en Cusco, Perú; y el sur de Cerdeña (Mediterráneo), que cuentan con el reconocimiento del Consejo Global de Turismo Sostenible (GSTC, por sus siglas en inglés).
Del GSTC son miembros organizaciones y hoteles de países latinoamericanos, como República Dominicana, Colombia, México, Argentina y Costa Rica.
EL ABONO DEL SUSTENTO DEL FUTURO
Javier Bonilla, de 11 años, y Lisbeth Montero, de 13, son dos de los actores en una obra de teatro con mensaje ecológico que presentaron los niños de la escuela de Quebrada Ancha. Con su representación querían enviar un mensaje: “Que no corten los árboles, que no contaminen los ríos, que no tiren basura a los alcantarillados porque se tapan y por eso hay inundaciones”, dijo Javier.
Su maestra, Inés Quirós, trabaja con ellos en las tardes después de las actividades académicas. Tiene dos años de trabajar en la comunidad y dice sentirse impresionada por el talento de los chicos.
Quirós es la directora y además una de las dos maestras de la escuela. Atiende a 14 estudiantes de primaria junto a otra profesora que da clases a los jóvenes de séptimo, octavo y noveno grado.
“Yo les digo que nadie va a venir de la ciudad a cuidarlos, que los que estamos aquí somos los que nos tenemos que preocupar por cuidar el ambiente y darle ese valor”, expresa la maestra de esta comunidad a la que le hace falta luz eléctrica.

