El escritor y cineasta chileno Alejandro Jodorowsky se reconcilia con su pasado en La danza de la realidad, una película en la que se presta a un ejercicio autobiográfico imaginario y con la que compite en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes.
Su séptimo filme pone fin a una ausencia cinematográfica de 23 años y abre la puerta al universo particular de su infancia, en el que se somete a través del arte a una suerte de terapia familiar.
El realizador recibió ayer emocionado los aplausos del público y admitió que no es casualidad que en el reparto, además de él mismo, haya dos de sus hijos, uno de los cuales, Brontis, interpreta al progenitor del autor.
“Esta película para mí fue una bomba psicológica muy fuerte. Casi he llorado porque en el fondo me he reconciliado con mi padre”, dijo a los asistentes tras la proyección, en la que no solo ha hecho cumplir los respectivos sueños de sus padres, sino el suyo propio de juntarles como familia.
Jodorowsky cumple sin concesiones su creencia de que “filmar debe ser una experiencia vital que abra los límites mentales”.
