Después de resultar herido en la I Guerra Mundial, casarse dos veces (primero con Hadley Richardson y luego con Pauline Pfeiffer), vivir en París y sucumbir al encanto de España y el toreo, Hemingway tenía 34 años y sed de nuevas aventuras.
El escritor estadounidense, que en aquella época ya brillaba en el firmamento literario, sintió entonces la llamada de África y su naturaleza salvaje, que a la postre inspiraron algunas de sus obras más famosas.
El novelista dio rienda suelta a sus emociones y, acompañado de su segunda esposa, Pauline, tomó un barco el 22 de noviembre de 1933 en Marsella (Francia) con rumbo a la ciudad costera de Mombasa (Kenia).
Fue el comienzo de un safari -del que se cumplen 80 años- que duró unas 10 semanas y zambulló al autor en la sabana de Kenia y Tanganica (actual Tanzania), donde sació su pasión por la caza.
Su guía fue el británico Phil Percival, el “cazador blanco” más popular del momento, quien, cuando el escritor se exasperaba porque otro tirador se adjudicaba mejores piezas, le decía a Pauline: “Échele un trago a la bestia para que se calme”.
Las fotos de la expedición muestran a un joven y sonriente Hemingway que luce mostacho y que, escopeta en mano, posa ora ante un melenudo león abatido, ora ante la cornamenta de algún cuadrúpedo cobrada como trofeo.
No todo fue disfrute en la sabana, ya que contrajo la disentería a los pies del Kilimanjaro, el monte más alto de África, un imprevisto que forzó su evacuación aérea a Nairobi, donde se alojó en el New Stanley, primer hotel de lujo abierto en la ciudad.
“En su tiempo libre, le encantaba sentarse en el restaurante [del hotel] y contemplar cómo pasaba la vida”, comenta a EFE Caleb Chirchir, portavoz del hotel Sarova Stanley.
El 28 de febrero de 1934, Hemingway terminó su primer safari con tan buen sabor de boca, que se planteó volver a África al año siguiente, pero sus planes tardaron en cumplirse dos décadas.

