El síndrome de Estocolmo, versión siglo XXI

Quizás el caso más famoso del síndrome en que un cautivo se identifica con su captor sea el de la millonaria Patty Hearst cuando, en 1974, la secuestró el Ejército simbionés de liberación (Symbionese Liberation Army).

El término había sido acuñado un año antes en 1973, cuando una banda de ladrones intentó robar el Kreditbanken (Banco de Crédito) de Estocolmo, Suecia, se la embarró y terminó tomando cuatro rehenes.

Al final de los seis días de ordalía, los rehenes resistieron el rescate, puesto que ya se habían identificado totalmente con los ladrones. Me acordé de él por dos filmes recientes: uno, el largometraje de Angelina Jolie La tierra de sangre y miel, que transcurre durante la guerra étnica de Bosnia. Una musulmana, Ajla, se enamora de su captor, el militar Danijel, jefe del campo de concentración en que humillan, torturan y utilizan a las mujeres como esclavas sexuales.

El segundo, el cortometraje Kony 2012, sobre el que este diario publicó una nota el pasado jueves. No estoy de acuerdo con la gente que dice que brillarle la candijela a un solo patán no basta; ok, tal vez no basta, pero es un inicio.

Resulta que los productores del documental (busque YouTube, Kony 2012) querían inicialmente 500 millones de hits o “pegues”, y han rebasado los 10 millones.

Lo del síndrome de Estocolmo lo experimenta la Ajla de Jolie, y los chiquitos a quienes Kony fuerza a cometer atrocidades.

Y ahora, la palabra que justifica el título de la columna: going viral. Porque el documental colgado en YouTube se ha reproducido con ferocidad viral, y está en todas las retinas, todas las cuerdas vocales.

Y aun así, hay quienes critican que una ONG solicite asistencia en línea y que se haga famoso a un infame, pero como dice el video mismo: el objeto es hacerlo tan, tan famoso, que no tenga donde esconderse.

Así, con cada estadounidense que llamaba a su congresista de circuito, se hizo suficiente presión para que Kony la sienta. Bien hecho. Y si se logra erradicar a Kony, saldrán otros a ocupar su lugar. Lo sabemos todos.

Pero se volverá a atacar en este nuevo mundo feroz, donde la juventud ha descubierto que la tecnología y la oposición pacífica son armas feraces y efectivas.

Este ya no es el mundo del Peter Pan de J. M. Barrie, donde los lost boys o niños perdidos de Peter Pan están en lo que, comparativamente, es un cuento, con hadas (Campanita) y todo. Los invisible children o niños invisibles de Kony están en un infierno viviente.

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