La primera vez que uno de los buceadores de Zaracunde Pesca Sub fue alcanzado por un pez león entendió que no estaba frente a un pez cualquiera.

Estaba en mar abierto, tratando de capturarlo, cuando una de las espinas le atravesó la mano derecha. El dolor fue inmediato, recuerda Roy Macpherson.

“De los años que llevo buceando nunca me había picado ningún animal marino hasta que un día con mis compañeros nos fuimos a mar abierto y, en la captura de uno, una de las espinas de la cola me pulló la mano derecha. Tuve que soltarlo. Fue un dolor horrible y, si mis compañeros no me hubiesen ayudado a salir del agua, no hubiera vivido para contarlo”, relata.

La experiencia no los hizo desistir. Ocurrió lo contrario.

Con el tiempo, los integrantes de Zaracunde Pesca Sub, en Colón, aprendieron a localizar, capturar y manipular al pez león sin exponerse innecesariamente a sus espinas. Ahora se meten al agua precisamente para buscarlo.

Y en las últimas semanas han tenido más razones para hacerlo.

Durante una jornada de pesca deportiva realizada en la llamada Playita de Colón, los buceadores volvieron a encontrarse con una presencia que ya habían comenzado a notar durante sus inmersiones: había una cantidad importante de peces león en la zona.

La jornada, bajo el lema “Empatía costeña”, reunió a un grupo de pescadores para hablar de esta especie, sus características, los riesgos de manipularla y el impacto que puede tener sobre otras especies.

El pez león es un depredador que consume otras especies y puede alterar el equilibrio de los ecosistemas donde se establece. Sus espinas, además, contienen veneno y una mala manipulación puede provocar una reacción dolorosa.

Por eso, para este grupo de pescadores selectivos, encontrar un pez león no significa simplemente encontrarse con una especie llamativa. Significa tener un objetivo. Lo buscan, lo capturan y lo sacan del agua.

Y ahí aparece la otra parte de esta historia.

De las profundidades de otras aguas llega en tranquilidad a adaptarse en nuevos entornos, sin problemas de desequilibrar un entorno, se ubica y comienza su caza al azar. sin temores de ser el próximo en la cadena alimenticia va aleteando en busca de nuevos rumbos.

La cacería del pez león en las costas de Colón
Medición de pesca en el torneo "Empatía costeña". Cortesía.

Después de años de capturarlo y conocer cómo manipularlo, los integrantes de Zaracunde también comenzaron a consumirlo. El pez que representa un riesgo bajo el agua se convirtió en un alimento cuando descubrieron que podía prepararse y aprovecharse.

Alfredo Manuel Marín Ricardo, presidente de Zaracunde Pesca Sub, fue quien se atrevió a probarlo por primera vez dentro del grupo.

Así, lo que comenzó como curiosidad, terminó convirtiéndose en una práctica que combina pesca selectiva, control de una especie invasora y consumo.

Para estos buceadores, la pelea con el pez león no ocurre solamente cuando están bajo el agua. También continúa cuando llegan a tierra, donde lo limpian, lo preparan y lo convierten en comida.

La apuesta es sencilla: si van a sacarlo del mar, también pueden aprovecharlo.

“El pez león es consumible, porque el veneno no toca su carne, la toxina que lo hace venenoso solo está en sus aletas. Si se le quitan las aletas, se vuelve completamente consumible. Si lo sacas del agua por unos minutos, sus aletas dejan de producir veneno al no estar en un estado de defensa. Aunque claro, no deben tocarse sus altas, aunque ya no produzcan veneno porque siempre puede pasar que quede un poco”.

Alfredo Manuel Marín
La cacería del pez león en las costas de Colón
Limpieza del pez para su posterior consumo. Cortesía.

La cacería del pez león en las costas de Colón
Estado de pesca en la playita de Colón, en captura del pez león

Para Zaracunde Pesca Sub, la idea no es acabar con la especie, sino mantener bajo control su presencia en las aguas donde se ha establecido. Por eso hablan de pesca selectiva y responsable: capturan, aprovechan y consumen el pez, sin convertir la jornada en una extracción indiscriminada.

“Me punzó cuatro veces en el dedo pulgar y salí de una vez del agua. A los 35 o 40 minutos empezó una sensación de adormecimiento lento. El dolor va escalando poco a poco, es una sensación rara y da como calambre en el área afectada. Después de tres horas fui al hospital y me dijeron que era la primera vez que veían un caso así”.

Cristóbal Mejía

Así, el pez que alguna vez los obligó a aprender a bucear con más cuidado terminó convirtiéndose en parte el objetivo de sus inmersiones y, al salir del agua, en parte de la mesa colonense.